Cañón de granito junto al río Sil a la hora azul, con los restos del caño de la Fuente del Azufre entre la vegetación, sin nadie a la vista

Reportaje · Patrimonio termal

La Fuente del Azufre de Ponferrada, el balneario que se apagó junto al Sil

En un cañón de granito que huele a azufre, la ciudad tuvo un balneario al que subía a cuidarse la piel. Hoy queda un caño medio desmantelado y un agua de los milagros que un estudio desaconseja beber.

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  • Actualizado: 2026

Hay parajes que no se ven: se huelen. Este, a las afueras de Ponferrada, avisa mucho antes de aparecer. Trae en el aire un olor tenaz a huevo podrido que en el Bierzo ya nadie confunde. Es azufre, y significa que has llegado a lo que queda de un balneario.

Cuando contamos los balnearios que España dejó morir, hablábamos del país entero: ciento cincuenta y dos termas abiertas en 1892 y un largo goteo de cierres a lo largo del siglo XX. Esta vez queremos mirar solo uno, de cerca. Porque el mapa se entiende mejor desde un punto concreto, y pocos cuentan la historia tan bien como este cañón de granito a la orilla del Sil.

El olor primero

Lo primero que sabes de la Fuente del Azufre es que la hueles. El ácido sulfhídrico que emana del manantial deja en el aire ese aroma a huevo cocido y podrido que no se confunde con nada, y que la gente del Bierzo asume como parte del paisaje. No es un defecto del sitio: es su firma.

El agua brota en el fondo de un cañón granítico, encajada entre paredes de roca en la ribera derecha del Sil. Su origen es profundo, casi magmático, y eso explica una particularidad que la ciencia local aprecia: mana a una temperatura constante de unos veinte grados durante todo el año, en invierno y en verano por igual. Es, técnicamente, un agua termal. Y es también, hoy, un lugar a medio camino entre el paseo dominical y la ruina.

Antiguo caño de piedra de la Fuente del Azufre semisumergido y parcialmente desmantelado junto a rocas de granito a la orilla del Sil
Del balneario retratado en las fotografías antiguas queda hoy poco más que un caño de piedra y un olor que no se rinde.

El balneario que fue

La fuente ya figura en los papeles antiguos: el Diccionario de Pascual Madoz la recogía a mediados del siglo XIX, y hacia 1870 se levantó allí un balneario en toda regla, con sus bañeras y su rótulo describiendo las aguas como sulfuroso-sódicas sulfhídricas. Poco después se declararon de utilidad pública.

A ese paraje subía gente de dentro y de fuera. En una época en la que aún no existían los medicamentos que hoy damos por descontados, el azufre se aplicaba sobre todo a los problemas de piel —eccemas, dermatitis, picores—, y una inmersión en aquellas bañeras era el alivio disponible. Pero el balneario no era solo un remedio: era una costumbre. Los ponferradinos bajaban a llenar sus garrafas y a llevarse el agua a casa, y el lugar funcionaba como lo que hoy llamaríamos un pequeño ritual colectivo. Volvió a abrir sus puertas ya entrados los años veinte del siglo XX. No duraría mucho más.

Cómo se apagó

Aquí la historia se vuelve concreta, y por eso interesa. La Fuente del Azufre no murió de abandono lento ni de moda pasada, como tantas otras. La mató una obra. La construcción del Canal Bajo del Bierzo y el levantamiento de la presa de la Fuente del Azufre —sobre el propio Sil— cambiaron el entorno del manantial para siempre.

El río hizo el resto. Sus crecidas y su erosión fueron dañando unas instalaciones que ya arrastraban una economía frágil, hasta que el Ayuntamiento acabó cuestionando la concesión. Entre la ingeniería hidráulica, las inundaciones y las cuentas que no salían, el balneario se apagó. No hubo un cierre solemne: simplemente dejó de haber balneario, y quedó la fuente, sola, manando como si nada hubiera pasado.

El agua de los milagros

Y aquí está el nudo de esta historia. El manantial nunca dejó de manar, y la costumbre nunca se fue del todo. Todavía hoy hay quien sube con garrafas y botellas a llevarse lo que en el Bierzo llaman, medio en serio medio en broma, el agua de los milagros. El problema es que la etiqueta ha envejecido peor que la memoria.

Un análisis de estas aguas dejó las cosas claras: no son potables. Los cultivos revelaron una carga bacteriana alta y una concentración de metales pesados —manganeso, plomo, níquel, hierro y aluminio— que las hace impropias para beber, con efectos perjudiciales para la salud.

Que un agua fuera un remedio para la piel hace siglo y medio no la convierte en un tónico embotellable hoy. Son dos cosas distintas, y conviene no confundirlas.

Lo fascinante es que la ciencia sí encontró un tesoro aquí, solo que no el que la gente busca. Un estudio microbiológico realizado en la zona por José Miguel Cubillas y el grupo GeoBierzo describió la riquísima flora bacteriana que prospera en estas aguas sulfurosas: el origen magmático, la emanación de azufre y esa temperatura constante crean un entorno singular para la vida microscópica. El valor de la Fuente del Azufre, resulta, está en lo que vive dentro de ella y en lo que cuenta su historia. No en la garrafa.

✦ Ficha del paraje
Tipo de agua
Sulfurosa (sulfuroso-sódica sulfhídrica)
Temperatura
Constante, ~20 °C todo el año
Origen
Magmático · cañón de granito junto al Sil
Potabilidad
No potable — no se debe beber
Estado
Antiguo balneario desaparecido · paraje en semiabandono

Lo que queda

El presente de la Fuente del Azufre es un limbo. La titularidad de los terrenos pasó del Ayuntamiento de Ponferrada a la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, que por ahora no tiene un plan definido de rehabilitación. Ha habido gestos —una inversión para adecentar el paseo entre el Museo Nacional de la Energía y la fuente, con caminos, farolas y plantaciones—, pero el resultado tiene una ironía amarga: mientras el entorno se ordenaba para los paseantes, unas obras en la coronación de la presa dejaron seco el caño principal. Ahora solo se llega al agua por un segundo caño, apartado, entre grandes piedras de granito y peligrosamente cerca del río y de sus crecidas.

Contra ese olvido llevan años empujando los de siempre: colectivos como Bierzo Natura, Ecobierzo, el Ateneo Aquiana o el propio GeoBierzo, que reivindican para el manantial un futuro a la altura de su historia. De momento, la Fuente del Azufre sigue siendo lo que es: un lugar emblemático que huele fuerte, un balneario que fue y una fuente que aguanta.

✦ Consejo Wellna

No te contamos esto para que subas a bañarte ni a llenar una garrafa —el acceso es incómodo y el agua no se bebe—. Te lo contamos para que, si algún día pasas cerca, mires el sitio con las claves puestas. La Fuente del Azufre es el ejemplo perfecto de algo que repetimos mucho: un agua puede ser interesantísima por su geología, por su microbiología y por su memoria, y aun así no ser un remedio. Lo milagroso aquí no es lo que cura la botella, sino que un manantial siga manando, con el mismo olor a azufre, mucho después de que el último bañista se marchara. Ese es el balneario que merece la pena visitar: el de la historia.

Wellna es una publicación de bienestar y divulgación, no un servicio médico ni un archivo histórico exhaustivo. Este reportaje resume, con fuentes locales, académicas e institucionales, la historia de la Fuente del Azufre de Ponferrada; puede haber matices o datos que se escapen. El agua de la fuente no es potable y su entorno puede entrañar riesgos: conviene informarse antes de acercarse y no consumir el agua.


Preguntas frecuentes

¿Se puede beber o bañarse en el agua de la Fuente del Azufre?

No es recomendable. Un análisis constató que el agua no es potable: presenta una carga bacteriana alta y metales pesados —manganeso, plomo, níquel, hierro y aluminio— perjudiciales para la salud. Que hace siglo y medio se usara como remedio para la piel no la hace apta para beber hoy. Además, el acceso al manantial es incómodo y está cerca del río.

¿Qué fue la Fuente del Azufre de Ponferrada?

Un balneario histórico levantado hacia 1870 sobre un manantial sulfuroso ya citado en el Diccionario de Madoz a mediados del siglo XIX. Sus aguas, sulfuroso-sódicas sulfhídricas, se declararon de utilidad pública y se aplicaban sobre todo a problemas de piel en una época sin medicamentos modernos.

¿Por qué cerró?

Por una combinación muy concreta: la construcción del Canal Bajo del Bierzo y de la presa de la Fuente del Azufre alteraron el entorno del manantial, y las crecidas y la erosión del Sil dañaron unas instalaciones ya económicamente frágiles, hasta que el Ayuntamiento cuestionó la concesión.

¿Se puede visitar hoy?

El paraje es un recorrido de paseo frecuentado por los ponferradinos, junto al Museo Nacional de la Energía. Del balneario apenas queda nada; el entorno se ha adecentado en parte, pero el caño principal dejó de manar tras unas obras y el acceso al agua es hoy más difícil. Los terrenos están en manos de la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, sin un plan de rehabilitación definido.

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