Fachada de un balneario histórico abandonado entre vegetación a la hora azul, sin nadie a la vista

Reportaje · Memoria termal

El termalismo perdido de España, los balnearios que el siglo XX dejó morir

En 1892 España tenía 152 balnearios abiertos y llenos. Muchos hoy son ruinas, fábricas de agua embotellada o, en un caso, hasta una cervecería. La historia de cómo un país dejó apagarse sus aguas —y de los que están volviendo a encenderlas.

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  • Actualizado: 2026

Cuando preparábamos nuestras guías de balnearios comunidad por comunidad, nos topamos una y otra vez con la misma historia: pueblos con "balneario" en el nombre donde ya no hay balneario, manantiales declarados de agua medicinal que hoy solo llenan botellas, edificios señoriales tapiados. España tuvo muchísimos más balnearios de los que tiene. Esta es la historia de los que se perdieron.

Cuando España se bañaba: 152 balnearios y 150.000 agüistas

A finales del siglo XIX y principios del XX, España vivió lo que los historiadores llaman la belle époque balnearia. Ir a tomar las aguas era el gran plan de salud y de veraneo, y no solo de las élites: convivían las villas termales de lujo, con sus grandes hoteles para la aristocracia, con establecimientos más modestos y asequibles para amplias capas de la población. El agua era medicina, pero también era vida social, cortejo, negocio y descanso.

Las cifras dan la medida de aquel mundo. Según los datos históricos del sector, en 1892 había en España ciento cincuenta y dos balnearios abiertos, que recibieron a unos ciento cincuenta mil agüistas en una sola temporada. Balnearios como los de Oviedo, Ledesma o Alhama de Aragón superaban cada uno los tres mil bañistas al año. Era una industria próspera y repartida por toda la península, el germen de lo que hoy llamaríamos turismo de salud.

Ir a tomar las aguas era el gran plan del país. Y entonces, en apenas una generación, dejó de serlo.

La caída: una muerte anunciada

El desplome tuvo un momento y unas causas. La Guerra Civil primero, y las décadas del franquismo después, hundieron el sector: la actividad balnearia pasó, en palabras de los estudios sobre aquel periodo, del estancamiento a la precariedad en pocos años. Y hubo una decisión de fondo que rara vez se cuenta: durante los años cuarenta y cincuenta prácticamente no existió una política pública de apoyo a los balnearios. El nuevo régimen apostó su desarrollo turístico por otra cosa completamente distinta —el sol y playa, el turismo de masas del litoral— y dejó que el termalismo de interior se marchitara.

A eso se sumó la medicina moderna. La llegada de los antibióticos y de los fármacos eficaces le quitó al balneario su antigua condición de único remedio para muchas dolencias; lo que antes solo aliviaba el agua sulfurosa, ahora lo resolvía una pastilla. Muchos balnearios, que ya venían tocados, no encontraron razón para seguir abiertos. Y una parte importante descubrió que había un negocio más rentable y menos trabajoso que atender a los agüistas: embotellar su agua y venderla.

Interior de un balneario histórico rehabilitado y de nuevo en uso a la hora azul, sin nadie a la vista
Algunos han hecho el camino de vuelta: cerrados durante décadas, han sido rehabilitados y vuelven a llenar sus piscinas.

Los fantasmas: de balneario real a marca de agua

El rastro de esa caída está por todo el mapa, y lo fuimos encontrando comunidad por comunidad. El patrón se repite con una exactitud casi cómica: el balneario cierra, pero el manantial sigue manando, así que alguien decide envasar el agua. El nombre sobrevive en la etiqueta de una botella mucho después de que el último bañista se haya ido.

En Asturias, el Balneario de Borines —cuyas aguas se declararon mineromedicinales en 1873— cerró como balneario en 1920 para dedicarse al embotellado; hoy, ni siquiera eso: en sus antiguas instalaciones se elabora cerveza artesana. También en Asturias, el balneario de Fuensanta, en Nava, funcionó hasta los años cuarenta y desde entonces es solo una planta embotelladora. En Navarra, los históricos balnearios de Belascoáin y Betelu siguieron el mismo camino hacia el envasado. Y en la Comunidad de Madrid, el célebre Balneario de Carabaña, sobre un manantial declarado de utilidad pública, arrastra años cerrado tras el concurso de acreedores de sus dueños: de todos los manantiales que Madrid llegó a tener, hoy no queda ni uno funcionando como balneario. Ninguno de estos casos es un escándalo —embotellar un agua excelente es una decisión empresarial legítima—, pero juntos dibujan un país que dejó de bañarse en sus aguas para limitarse a bebérselas.

Los que vuelven a encender el agua

Y sin embargo, la historia no termina en las ruinas. En las últimas décadas, el termalismo español ha vivido un tercer acto: un renacimiento. El agua caliente ha vuelto a ponerse de moda, esta vez como bienestar más que como medicina, y algunos de aquellos balnearios muertos están literalmente resucitando.

El caso más emocionante que encontramos está en La Rioja. El Balneario de La Albotea, en Cervera del Río Alhama, fue uno de los más importantes de España en el siglo XIX, estuvo más de cien años cerrado y en 2025 ha vuelto a abrir sus puertas tras una larga rehabilitación. A pocos kilómetros, el Balneario de Grávalos hizo antes el mismo viaje de vuelta, de la ruina al hotel termal. No son los únicos: por toda España, viejas villas termales se reconstruyen y vuelven a posicionarse como destinos de salud, no como simples hoteles con piscina. Lo contamos, comunidad por comunidad, en nuestras guías de balnearios de España, y el mapa de conjunto está en el mapa termal de España.

✦ El apunte de Wellna

Nos gusta el agua caliente, pero esta pieza no va de nostalgia. Va de mirar un edificio tapiado con un letrero de "balneario" medio borrado y entender que ahí hubo un mundo, y que ese mundo se apagó por decisiones concretas, no por fatalidad. La buena noticia es que la rueda ha vuelto a girar: nunca ha habido tantas ganas de meterse en agua termal como ahora. Si te tienta seguir el rastro de esta historia sobre el terreno, hazlo con criterio —hay pueblos con balneario que ya no lo tienen, y agua "de balneario" que solo verás en una botella—. Cuando quieras el termalismo vivo, el que aún llena sus piscinas, lo tienes ordenado por comunidades en nuestras guías. Y si te gusta el rastro de lo que fue, viaja con los ojos abiertos: media España tiene una fuente olvidada con una historia detrás.

Wellna es una publicación de bienestar y divulgación, no un servicio médico ni un archivo histórico exhaustivo: este reportaje resume, con fuentes académicas e institucionales, la evolución del sector balneario español, y puede haber matices o casos locales que se escapen. Las aguas mineromedicinales tienen indicaciones y contraindicaciones que corresponde valorar a un profesional. El estado de apertura de cada balneario puede cambiar; conviene confirmarlo antes de viajar.


Preguntas frecuentes

¿Cuántos balnearios llegó a tener España?

En su momento de mayor esplendor, a finales del siglo XIX, España tenía muchos más que hoy. Los datos históricos del sector recogen que en 1892 había 152 balnearios abiertos, que recibieron alrededor de 150.000 agüistas en una sola temporada. Fue la época conocida como la belle époque balnearia, entre 1874 y la Guerra Civil.

¿Por qué cerraron tantos balnearios en España?

Por una combinación de factores a mediados del siglo XX: la Guerra Civil y la posguerra hundieron el sector, y durante el franquismo apenas hubo política pública de apoyo, ya que el desarrollo turístico se apostó al sol y playa. A la vez, la medicina moderna y los antibióticos restaron protagonismo al agua como remedio. Muchos balnearios cerraron y varios se reconvirtieron en plantas de agua embotellada.

¿Es verdad que hay balnearios convertidos en fábricas de agua o cerveza?

Sí. Es un patrón frecuente: al cerrar el balneario, el manantial se aprovechó para embotellar agua. En Asturias, el balneario de Borines cerró en 1920 y hoy en sus instalaciones se elabora cerveza artesana; el de Fuensanta, en Nava, funciona como embotelladora desde los años cuarenta. En Navarra, Belascoáin y Betelu siguieron caminos similares hacia el envasado.

¿Están reabriendo balnearios antiguos?

Sí, es la tendencia de las últimas décadas. El termalismo vive un renacimiento como turismo de bienestar. Un ejemplo destacado es el Balneario de La Albotea, en La Rioja, que reabrió en 2025 tras más de cien años cerrado; cerca, el de Grávalos hizo antes el mismo camino de rehabilitación. Puedes ver los que están en activo en nuestras guías de balnearios por comunidad.

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