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Niksen: el arte holandés de no hacer nada, de verdad
Los holandeses tienen una palabra para sentarse a no hacer nada, a propósito y sin ningún fin. Suena fácil y es dificilísimo. Por qué nos cuesta tanto, y por qué convertirlo en un truco de productividad lo estropea todo.
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- Actualizado: 2026
Prueba a sentarte en una silla y no hacer nada durante diez minutos. Nada: ni móvil, ni libro, ni pensar en la lista de la compra. A los dos minutos estarás incómodo. A los cinco, buscando una excusa para levantarte. Hemos desaprendido algo que de niños hacíamos solos, y los holandeses hasta le pusieron nombre.
Qué es el niksen
Niksen es una palabra holandesa que viene de niks, "nada", y que se podría traducir como "nadear": el verbo de no hacer nada. La periodista Olga Mecking la puso en el mapa mundial con un artículo en The New York Times en 2019 y un libro poco después, y desde entonces asoma en cada lista de conceptos de bienestar importados, junto al hygge danés o el ikigai japonés.
Su mejor definición, la de la propia Mecking, es a la vez sencilla y tramposa: hacer nada a propósito, pero sin un propósito. Esos dos matices lo son todo. "A propósito" lo distingue de simplemente estar despistado: eliges parar. Y "sin un propósito" lo distingue de casi todo lo demás que llamamos descanso. Correr para desestresarte, hacer pan, apuntarte a un club de lectura: son planes estupendos, pero tienen un objetivo. El niksen no. Es dejar la mente vagar sin destino, mirar por la ventana sin más, quedarse en el sofá sin encender nada.
No es meditar ni es mindfulness: eso es atención puesta en algo. El niksen es justo lo contrario, soltar la atención y dejarla ir a la deriva.
Por qué nos cuesta tanto
Si es tan simple, ¿por qué resulta casi imposible? Porque vamos contra una corriente muy fuerte. Vivimos en una cultura que mide a las personas por lo que producen, en la que estar ocupado se lleva como una medalla y en la que un rato quieto se siente, sin quererlo, como una pequeña forma de fracaso. A eso se suma el móvil, que ha ocupado hasta el último hueco muerto del día: el ascensor, la cola, el semáforo, la cama. Ya no queda tiempo vacío, y sin tiempo vacío no hay niksen posible.
Por eso cuesta tanto y por eso da algo de culpa. Hasta los propios holandeses tienen un dicho para reírse de ello —"niksen is niks", no hacer nada no sirve para nada—. Y ahí está la gracia: el niksen no sirve para nada, y ese es justo el punto. Es de las poquísimas cosas que uno puede hacer, o más bien no hacer, sin tener que justificarse.
La trampa: no lo conviertas en otra tarea
Aquí es donde Wellna levanta la ceja, porque el niksen se ha puesto de moda y la moda lo está estropeando. Buena parte de lo que se escribe sobre él lo vende como un truco: haz nada un rato y volverás más productivo, más creativo, más eficiente. Es decir, no hagas nada… para rendir más luego. Y en el momento en que no hacer nada tiene ese objetivo, ha dejado de ser niksen: se ha convertido en otra tarea más de la lista de la autooptimización, la misma de la que huíamos.
Nuestra postura es clara y va a contracorriente incluso de sus vendedores. No hagas nada para ser más productivo. Hazlo porque tienes derecho a parar sin motivo, porque no todo en tu vida tiene que rendir, y porque una tarde perdida mirando el techo no es tiempo desperdiciado: es tiempo tuyo. Si de rebote acabas descansando mejor, bienvenido sea; pero como efecto secundario, no como objetivo. En cuanto le pones una meta, lo pierdes.
Empieza pequeño y quítate de encima la idea de hacerlo "bien", porque no se puede hacer mal. Elige un hueco que ya tienes —el café de la mañana, cinco minutos antes de dormir, la espera de algo— y en vez de rellenarlo con el móvil, no hagas nada: mira por la ventana, deja que la cabeza divague. La regla de oro es una sola: el teléfono, lejos y en silencio, porque no hay niksen posible con una pantalla a mano; el scroll es precisamente lo contrario de no hacer nada. Y si te entra la culpa, recuerda que estás practicando algo que se te daba de maravilla a los seis años. No lo has perdido; solo lo tenías tapado de tareas. Para más de este permiso para parar, lee también por qué el mar sienta tan bien.
Wellna es una publicación de bienestar. Este reportaje habla de un concepto cultural y de una actitud ante el descanso, no de un tratamiento ni de una técnica con efectos garantizados. Si atraviesas una situación de agotamiento o malestar sostenido, conviene consultarlo con un profesional.
Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente el niksen?
Es un concepto holandés que significa "no hacer nada", entendido como dedicar tiempo, de forma consciente y voluntaria, a la inactividad sin ningún objetivo. La periodista Olga Mecking lo definió como hacer nada a propósito y sin un propósito. No es despistarse: es elegir parar y dejar la mente vagar.
¿Es lo mismo que la meditación o el mindfulness?
No. La meditación y el mindfulness son prácticas de atención: consisten en concentrarse en algo, como la respiración o el presente. El niksen es lo contrario: soltar la atención y dejar que la mente se vaya a la deriva, sin foco ni ejercicio alguno. Por eso, paradójicamente, a mucha gente le resulta más difícil que meditar.
¿Sirve para ser más productivo o creativo?
Se vende mucho así, pero conviene desconfiar de ese enfoque: en cuanto no haces nada con el objetivo de rendir más luego, deja de ser niksen y se convierte en otra tarea de autooptimización. La idea de fondo es justo la contraria: parar sin motivo, porque no todo tiene que ser productivo. Si descansas mejor, es un extra, no la meta.
¿Cómo se practica sin sentir culpa?
Empezando por huecos pequeños que ya tienes en el día y dejando el móvil lejos, porque una pantalla a mano hace imposible no hacer nada. Ayuda recordar que no se puede hacer mal y que es algo que de niños hacíamos con naturalidad. La culpa viene de la cultura de la productividad, no de la actividad en sí.

