Piscina de agua de mar de Palasiet al atardecer, con la cristalera abierta a las palmeras y las tumbonas vacías

Entrevista · Vida

Lourdes Ramón, Palasiet: «Parar es la única manera de volver a mí misma»

Entró en 1998, con veintiún años, de socorrista. Veintiocho años después es la persona que acompaña a cada huésped de la villa de Benicàssim desde el primer día hasta el último. Ocho preguntas por escrito sobre lo que el mar hace de verdad, lo que nunca se promete y lo que se aprende de ver parar a otros.

  • Entrevista escrita
  • Benicàssim · Castellón
  • Talasoterapia
  • Actualizado: 2026

«Si te comprometes a trabajar allí, tienes que dar lo mejor de ti.» Se lo dijo su padre en 1998, cuando ella tenía veintiún años y buscaba un trabajo que pudiera compaginar con los estudios. Entró en Palasiet de socorrista y ayudante en la aplicación de talasoterapia. Veintiocho años después sigue en la misma villa, a cincuenta metros del Mediterráneo, y es la persona que acompaña a cada huésped desde el primer día hasta el último.

Antes de las preguntas

Hay lugares que se explican por su historia y lugares que se explican por quien lleva mucho tiempo dentro. Palasiet tiene las dos cosas: una villa de principios del siglo XIX junto al mar de Benicàssim, medio siglo de talasoterapia, y una mujer que recuerda a qué olía el edificio la primera mañana que entró. A mar, dice; a salud, a medicina, a servicio. Y sobre todo, a cuidado de las personas. Aquella estudiante le preguntó a una amiga si se imaginaba trabajar allí toda la vida. Esta entrevista es, en buena parte, la respuesta.

Lourdes Ramón es orientadora. No dirige el centro ni lo vende: está en medio del proceso, entre la persona que llega con el ruido de su vida encima y la que se marcha siete días después. Le da la enhorabuena el primer día por haberse permitido parar, y el último le hace tres preguntas que no tienen nada que ver con el agua. En veintiocho años ha visto cambiar lo que la gente pedía al llegar, de adelgazar y aliviar dolores a querer entender qué le está pasando, y ha visto lo que no cambia nunca.

Jardín de Palasiet con una pérgola de madera entre palmeras, césped y la galería acristalada de la villa al fondo
El jardín de Palasiet, entre palmeras y pérgolas. Lourdes entró por aquí en 1998 y no ha salido.

En Wellna ya habíamos escrito sobre Palasiet, en la escapada de spas frente al mar y en la de retiros de bienestar para mujeres, y lo hicimos como hacemos siempre: con admiración por el lugar y con la cautela de quien no promete nada en nombre del agua. Esa es nuestra mirada, desde fuera. Faltaba la otra, la de dentro. Le enviamos ocho preguntas por escrito a través del centro y las respondió con calma, sin folleto. Aquí están tal como las escribió, sin recortar ni editar.

Hay una idea que atraviesa todas sus respuestas y que es, creemos, la razón de esta pieza: que un lugar puede crear las condiciones para el bienestar, pero el cambio lo pone cada uno. Que nadie sale distinto; sale, si acaso, más cerca de quien ya era. Y que lo importante no es lo que termina en Benicàssim, sino lo que empieza al volver a casa. Es exactamente lo contrario de una promesa, y por eso nos interesa.

«No se trata de salir siendo otra persona, sino de volver a conectar con quien realmente somos.»

Las ocho preguntas

1¿Cómo llegaste a Palasiet y qué pensabas entonces de un sitio como este?

Llegué a Palasiet en 1998, con 21 años, mientras era estudiante... Buscaba un trabajo que pudiera compaginar con mis estudios y empecé como socorrista y ayudante en la aplicación de talasoterapia.

Recuerdo que mi padre me recomendó este lugar y me dijo: «Si te comprometes a trabajar allí, tienes que dar lo mejor de ti».

Desde el principio sentí que Palasiet era un lugar especial. Olía a mar, a salud, a medicina, a servicio y, sobre todo, a cuidado de las personas.

Recuerdo decirle a una amiga: «¿Te imaginas trabajar aquí toda la vida?». Y aquí estoy, 28 años después.

He crecido aquí, personal y profesionalmente. Hemos vivido muchas cosas, hemos reído, llorado, aprendido y evolucionado juntos. Para mí, Palasiet es familia, un lugar seguro.

Y siento una profunda admiración por el propósito con el que nació este proyecto: ofrecer salud y bienestar a las personas desde el mar, desde nuestra tierra y desde una manera profundamente humana de cuidar.

2Después de tantos años viendo a personas entrar en el agua de mar, ¿qué dirías que hace el mar de verdad y qué prefieres no prometer nunca?

Para mí, el mar nos devuelve al origen, a nuestra esencia.

Recuerdo cómo muchas personas, al salir de la talasoterapia, me decían: «Es como si me hubieran quitado un peso de encima, me siento renovada».

Y creo que esa es la palabra: renovación.

El mar nos invita a parar, a sentir nuestro cuerpo, a soltar tensiones y a recuperar la calma. Es biología, pero también es experiencia, es lo que me gusta llamar biología sentida.

Ahora bien, nunca prometería que una estancia o un tratamiento puedan transformar por sí solos nuestra salud.

Podemos crear las condiciones para el bienestar, pero el verdadero cambio necesita nuestra participación, conciencia y compromiso.

Porque cuidarnos no es solamente lo que hacemos durante unos días, sino cómo elegimos vivir después.

3Palasiet se llama clínica, no spa. ¿Qué cambia esa palabra y qué os exige a vosotros?

La palabra clínica implica responsabilidad, profesionalidad, confianza y rigor científico.

En Palasiet entendemos la salud desde una mirada integrativa. No acompañamos solamente síntomas o necesidades concretas; intentamos comprender a la persona en su totalidad: su cuerpo, sus emociones, sus hábitos y el momento vital que atraviesa.

Para ello trabajamos desde cinco pilares: talasoterapia, medicina integrativa, nutrición, actividad física y equilibrio emocional.

Desde el Departamento de Orientación intentamos crear ese espacio seguro donde la persona pueda expresarse, escucharse y comprender qué le está pasando y qué necesita realmente.

Y nuestro reto como equipo interdisciplinar es integrar todas esas miradas sin fragmentar a la persona.

Para mí, la ciencia y la calidez humana tienen que caminar juntas.

Podemos disponer de grandes recursos médicos y tecnológicos, pero nunca debemos perder esa cercanía, esa escucha y ese contacto humano que forman parte de la esencia de Palasiet.

4Hay quien llega esperando salir distinto. ¿Qué le dices el primer día y qué le dices el último?

El primer día suelo darles la enhorabuena por haberse permitido ese tiempo y ese espacio de autocuidado.

Les invito a parar y a preguntarse: «¿Cómo estoy realmente? ¿Qué necesito? ¿Qué me ha traído hasta aquí?».

Vivimos muchas veces en piloto automático, pendientes de todo lo que tenemos que hacer, y nos olvidamos de algo tan sencillo como escucharnos.

Por eso trabajamos con nuestra Agenda de Vida Consciente, que comienza con tres preguntas: cómo me siento físicamente, mentalmente y emocionalmente.

El último día les pregunto: «¿De qué te has dado cuenta? ¿Qué has comprendido de ti? ¿Qué pequeño cambio vas a incorporar a tu vida?».

Porque para mí no se trata de salir siendo otra persona, sino de volver a conectar con quien realmente somos y aprender a vivir de una manera más coherente con nuestras necesidades.

Acompañamos procesos, y muchas veces lo importante no es lo que termina aquí, sino lo que comienza cuando regresan a casa.

Circuito biomarino de Palasiet vacío, con una poza circular de hidromasaje en primer plano y las salas de tratamiento al fondo
«Es como si me hubieran quitado un peso de encima.» El agua de mar templada, y lo que cada uno hace con ella después.

5Una semana solo de mujeres. ¿Qué ocurre que no sucede cuando el grupo es mixto?

Creo que entre mujeres se puede generar algo muy especial: un sentimiento de pertenencia, reconocimiento y sostén.

Cuando creamos un espacio seguro, compartimos experiencias que muchas veces vivimos en silencio: los cambios del cuerpo, las hormonas, la maternidad, el deseo, los cuidados, nuestras relaciones y las diferentes etapas de la vida.

Y aparece una pregunta muy poderosa: «¿Quién soy yo ahora?».

Muchas mujeres hemos dedicado gran parte de nuestra vida a cuidar y sostener a otros, y estos espacios nos permiten volver la mirada hacia nosotras mismas.

Desde nuestra visión integrativa también buscamos comprender cómo se relacionan los cambios hormonales, el sistema nervioso, las emociones y nuestros hábitos de vida.

Pero hay algo especialmente bonito: cuando una mujer comparte su experiencia y otra se reconoce en ella, aparece esa sensación de «no estoy sola en esto».

El grupo se convierte en un espacio de escucha, complicidad y crecimiento compartido.

6Palasiet no es barato, y eso selecciona. ¿Quién viene y qué se lleva en siete días que no se llevaría en un fin de semana?

Es cierto que una estancia en Palasiet supone una inversión importante, y somos conscientes de ello.

Recibimos personas con necesidades muy diferentes, pero muchas comparten algo: el deseo de recuperar su bienestar, comprenderse mejor y dedicarse un tiempo que habitualmente no encuentran.

La diferencia entre un fin de semana y siete días está, sobre todo, en la posibilidad de profundizar.

Los primeros días todavía llegamos con nuestro ritmo habitual, con el ruido, las preocupaciones y las exigencias de la vida cotidiana.

Poco a poco, el descanso, la alimentación, el movimiento, la talasoterapia y el acompañamiento profesional van facilitando una nueva conexión con nosotros mismos.

Y es ahí donde pueden aparecer comprensiones importantes sobre nuestra salud y nuestra manera de vivir.

Me gusta mucho una frase que compartió Carlos Latre sobre su experiencia: «Pensaba que venía a desconectar y vengo a conectar».

Creo que resume muy bien lo que buscamos.

Que la persona no se lleve solamente bienestar, sino herramientas y conciencia para seguir cuidándose cuando vuelva a su vida.

Terraza cubierta de Palasiet con un sofá y butacas de mimbre, plantas y una barandilla de forja ante los árboles
Una terraza para no hacer nada. Los primeros días, dice Lourdes, todavía se llega con el ritmo de fuera.

7¿Qué pedía quien llegaba hace veinte años que ya no pide, y qué pide hoy que entonces nadie nombraba?

Hace años las demandas eran principalmente físicas: adelgazar, aliviar dolores, mejorar la condición física o descansar.

Hoy esas necesidades siguen presentes, pero cada vez recibimos más personas que quieren comprender su salud de una manera global.

Nos hablan de estrés, inflamación, microbiota, menopausia, sueño, longevidad y bienestar emocional.

Y hay algo que percibo especialmente: el agotamiento.

Vivimos en una sociedad con mucho ruido, funcionando muchas veces en piloto automático, en un estado de exigencia constante.

Desde nuestra mirada integrativa y la psiconeuroinmunoendocrinología intentamos ayudar a comprender cómo se relacionan el sistema nervioso, el sistema digestivo, las hormonas, las emociones y nuestros hábitos.

Porque no podemos separar lo que le ocurre a nuestro cuerpo de cómo estamos viviendo.

Creo que antes las personas venían buscando solucionar algo concreto; hoy muchas llegan buscando comprender qué les está pasando y cómo pueden vivir mejor.

Y eso supone un cambio muy importante en la manera de entender la salud.

8Después de tanto tiempo acompañando a otros a parar, ¿qué has aprendido tú sobre parar?

He aprendido que parar es la única manera de volver a mí misma.

Cuando paro, me encuentro, me escucho, me siento y me habito.

Es en ese espacio de silencio donde puedo reconocer qué necesito, qué tiene sentido para mí y hacia dónde quiero caminar.

Parar me permite tomar decisiones con mayor claridad y vivir de una manera más coherente con lo que siento y con mis valores.

Y después de tantos años en Palasiet, he aprendido también que la salud no se construye solamente desde la ciencia, los tratamientos o los hábitos saludables.

Se construye desde la escucha, la conciencia, las relaciones y el cuidado humano.

Creo profundamente en la capacidad que tenemos las personas de acompañarnos, de crecer y de transformarnos.

Y hay algo que nunca quisiera que perdiéramos en Palasiet: el amor con el que cuidamos a las personas.

Porque, al final, para mí cuidar también es una forma de amar.

Y esa es una de las enseñanzas más bonitas que me ha regalado este lugar.

El Mediterráneo y la playa de Benicàssim vistos desde la terraza de Palasiet, con una buganvilla en flor y la barandilla de forja Piscina interior de Palasiet con el nombre de la casa en la pared, reflejado en el agua con luz dorada
El mar a cincuenta metros y, dentro, el agua que lo trae. «Cuando paro, me encuentro, me escucho, me siento y me habito.»

Su padre le pidió que diera lo mejor de sí. Veintiocho años después, lo mejor de sí resulta ser esto: una manera de estar al lado de alguien mientras se detiene, y la convicción, dicha sin énfasis, de que cuidar también es una forma de amar. No hay frase de cierre mejor, y no la hemos escrito nosotros.

Palasiet, en Wellna

Lo que Lourdes cuenta desde dentro, nosotros lo contamos desde fuera, con nuestro propio criterio, en dos piezas que conviene leer con esta.

Qué es: Palasiet Wellness Clinic & Thalasso, en Benicàssim (Castellón). Una villa de principios del siglo XIX a cincuenta metros del Mediterráneo, con un circuito biomarino de agua de mar y más de medio siglo de oficio.

Cómo funciona: se define como clínica y trabaja con programas de varios días. Brilla en la estancia, no en la visita suelta de unas horas. Tiene una semana solo para mujeres.

Dónde lo contamos: en spas frente al mar, junto al Atlántico gallego y a Gran Canaria, y en retiros de bienestar para mujeres, junto al bosque gallego y al Pirineo.

✦ Consejo Wellna

De todo lo que dice Lourdes, quédate con la pregunta del último día: «¿Qué pequeño cambio vas a incorporar a tu vida?». Sirve igual para una semana en Benicàssim que para una mañana en cualquiera de los balnearios de España o para un sábado sin planes. Si al volver no tienes una respuesta pequeña y concreta, no has descansado: has consumido descanso. Y antes de reservar siete noches en cualquier sitio, pregunta cuántas personas habrá en el grupo; el número lo cambia todo, y lo que Lourdes describe en la quinta pregunta solo ocurre cuando es pequeño.

Las respuestas de Lourdes Ramón se publican íntegras y sin edición de fondo; se han corregido únicamente erratas de teclado. Las imágenes de esta entrevista han sido cedidas por Palasiet. Wellna es una publicación de bienestar independiente: no mantiene relación comercial con Palasiet ni ha recibido contraprestación alguna por esta pieza, y no atribuye efectos sobre la salud a ninguna práctica. Esta entrevista describe; no prescribe.


Preguntas frecuentes

¿Quién es Lourdes Ramón?

Orientadora de Palasiet, en Benicàssim (Castellón). Entró en el centro en 1998, con veintiún años, como socorrista y ayudante de talasoterapia, y hoy acompaña a las personas durante toda su estancia desde el Departamento de Orientación.

¿Qué es Palasiet?

Un centro de talasoterapia en Benicàssim que lleva más de medio siglo trabajando con agua de mar del Mediterráneo, en una villa de principios del siglo XIX a cincuenta metros de la playa. Se define como clínica y trabaja con programas de varios días. Wellna lo ha tratado en sus escapadas de spas frente al mar y de retiros de bienestar para mujeres.

¿La talasoterapia cura?

No es medicina milagrosa, ni Wellna la presenta como tal. Es agua de mar templada, algas, vapor salino y el efecto real del calor, el agua y el descanso sobre un cuerpo cansado. La propia Lourdes lo dice en esta entrevista: un lugar puede crear las condiciones para el bienestar, pero el cambio depende de cada persona.

¿Cómo se ha hecho esta entrevista?

Por escrito. Wellna envió ocho preguntas a Palasiet y Lourdes Ramón las respondió con calma y con la extensión que quiso. Sus respuestas se publican sin recortar ni editar, y ella y el centro leyeron el texto completo antes de su publicación.

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