Interior de una antigua cuadra rehabilitada como sala de yoga, con los muros de piedra originales a la vista y luz azulada entrando por el vano abierto al olivar

Reportaje · Arquitectura y práctica

La cuadra donde ahora se practica Ashtanga: qué pasa cuando un cortijo del XIX se convierte en casa de yoga

A diez minutos de Ronda, entre cinco hectáreas de olivar, una casa señorial de principios del siglo XIX ha reconvertido su establo en sala de práctica y su capilla de 1862 en sala de meditación. La pregunta interesante no es si es bonito, que lo es, sino qué distingue esto de las decenas de retiros que se venden en la serranía.

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  • Actualizado: 2026

La serranía de Ronda se ha llenado de retiros. Fincas restauradas, olivares, esterillas al amanecer y fotografías impecables. Casi todos venden lo mismo: una estancia. Lo que casi ninguno tiene es una sala construida para practicar, un horario y la posibilidad de entrar a una clase sin dormir allí. El Carmen tiene las tres cosas, y la manera en que llegó a tenerlas es la parte que merece contarse.

La cuadra y la capilla

La casa está en el partido rural de Los Morales, en un valle de olivar y secano salpicado de cortijos, algunos bien conservados y otros con ese aire de casa abandonada que en la serranía es casi un paisaje en sí mismo. Es una construcción señorial de principios del siglo XIX, rehabilitada sin borrarle el carácter, que es la parte difícil de cualquier reforma en el campo andaluz.

La decisión que hace interesante el proyecto es lo que hicieron con las dependencias de trabajo. El antiguo establo no se derribó ni se convirtió en habitaciones, que es lo que suele pasar: se levantó sobre él la sala de práctica dejando a la vista los muros originales y otros elementos de la construcción. El resultado es una shala con el vano abierto al olivar y al jardín, con capacidad para diez personas practicando de pie o quince en práctica sentada o tumbada. No es una habitación reconvertida con espejos: es una cuadra que sigue pareciendo una cuadra y donde el suelo se ha nivelado para lo único que ahora ocurre allí.

Adosada a la casa está la capilla de Nuestra Señora del Carmen, de 1862, que da nombre a la finca. Sigue siendo un espacio recogido y hoy se usa para meditar. Que un oratorio decimonónico acabe albergando práctica de silencio no es tan paradójico como suena: el uso ha cambiado, la escala y la acústica no.

Interior de una pequeña capilla rural del siglo XIX vacía, con muros encalados y un cojín de meditación en el centro bajo la luz fría de un ventanuco
La capilla de Nuestra Señora del Carmen, de 1862, da nombre a la finca y hoy se usa para meditar. Cambió el uso, no la escala ni la acústica.

El negocio del retiro

Conviene decirlo sin rodeos, porque afecta a cualquiera que busque yoga en esta comarca: en la serranía de Ronda la palabra retiro se ha estirado hasta perder el filo. Sirve para un curso serio de una semana con profesorado formado y también para un fin de semana en una finca bonita con desayuno bueno, una clase de hora y media y mucha fotografía. Ambas cosas se anuncian igual y cuestan parecido.

La prueba para distinguirlas es sencilla y no requiere ser experto. Primera pregunta: ¿quién imparte y qué ha estudiado? Segunda: ¿cuántas horas de práctica hay al día, y son horas de clase o de tiempo libre? Tercera, la más reveladora: ¿existe la escuela fuera del retiro, o el retiro es todo lo que existe?

Aquí la tercera se responde sola, y por eso este reportaje. El Carmen no es solo un alojamiento con clase incluida: tiene sala construida para el uso, programación de clases grupales, clases privadas ajustadas a cada persona y —el dato que casi nadie ofrece en la comarca— permite reservar una clase suelta sin alojarse, avisando antes. Eso lo acerca mucho más a una escuela con habitaciones que a un hotel con esterillas.

La pregunta que separa una escuela de un decorado no es cuántas estrellas tiene la casa, sino si puedes ir un martes a las nueve sin dormir allí.

Criterio editorial de Wellna

Qué se practica realmente

Tres formatos grupales, y los tres tienen nombre propio en lugar de la etiqueta genérica que se estila en el sector. El primero es Ashtanga estilo Mysore, que es el más exigente de los tres y el que menos se espera encontrar en una casa rural: cada persona practica su parte de la secuencia por su cuenta, a su ritmo, mientras la profesora corrige de forma individual. Se aprende de memoria, postura a postura, y por eso funciona bien en estancias de varios días, cuando puedes repetir la misma serie cuatro mañanas seguidas y notar cómo cambia.

El segundo es Vinyasa Flow, que encadena movimiento y respiración con secuencias distintas en cada sesión. Y el tercero se llama Fundamentos de Yoga, que es exactamente lo que parece: la clase para quien nunca ha practicado o lleva años practicando mal. Se completan con sesiones de pranayama y de meditación, y con clases privadas ajustadas a lo que traiga cada uno.

Quien lo dirige es Goretti Muñoz, bióloga de formación, con más de una década organizando retiros y enseñando antes de abrir su propia casa. Esa procedencia se le nota en cómo habla de los ciclos del campo, del huerto y de lo que se sirve en la mesa, que durante los retiros es cocina vegetariana y ecológica con producto de la zona, preparada por Juan. No hace falta llevar esterilla: hay material en la sala.

Un jardín que nadie rehízo

Los jardines conservan el trazado original, y esa es una decisión más rara de lo que parece cuando se restaura una casa para uso turístico. Siguen ahí los bancos de azulejo cartujano alrededor de la fuente central y los suelos de olambrillas, esas piezas pequeñas que se intercalan entre los ladrillos y que hoy nadie pone porque cuestan un dineral en mano de obra. Conviven con los geranios y con una piscina que es lo único abiertamente contemporáneo del conjunto.

La finca tiene cinco hectáreas, casi todas de olivar centenario, y la terraza que mira al oeste da a la sierra de Grazalema. En la casa hay biblioteca. Nada de esto es imprescindible para practicar yoga, evidentemente, pero explica por qué la gente que va vuelve: lo que se vende no es una experiencia de bienestar sino una casa que lleva doscientos años funcionando y en la que ahora, además, se practica.

Olivar centenario en pendiente a la hora azul, con la silueta de la sierra al fondo y un muro de piedra seca en primer plano
Cinco hectáreas de olivar centenario y la sierra de Grazalema al oeste. La finca funciona desde hace dos siglos; la práctica es lo último que ha llegado.

El Carmen Yoga House

Cortijo del siglo XIX con shala propia · Los Morales, Ronda

Casa señorial de principios del XIX rehabilitada en un olivar de cinco hectáreas, a diez minutos en coche de Ronda. La antigua cuadra es hoy la sala de práctica, con los muros originales a la vista y vistas al olivar; la capilla de 1862, la sala de meditación. Tres clases grupales —Ashtanga estilo Mysore, Vinyasa Flow y Fundamentos de Yoga—, más pranayama, meditación y sesiones privadas. Se atiende en español e inglés y hay material disponible en la sala.

Shala para 10 personas Clase suelta sin alojarse Reserva previa
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Cómo se visita

Hay tres maneras de acercarse y conviene elegir bien, porque no cuestan lo mismo ni sirven para lo mismo. La primera es la clase suelta: escribes, reservas y vas, sin dormir allí. Es la opción sensata si vives en Ronda o en la comarca y lo que buscas es una escuela, no una escapada.

La segunda es la estancia con clases, en la que te alojas y practicas dentro de un uso compartido de la casa, con la cocina disponible. La tercera es el retiro cerrado, con programa, catering vegetariano y grupo, y también existe la versión a medida: eliges duración, número de clases y tipo de práctica. En todos los casos hace falta cita previa; no es una casa a la que se llega sin avisar.

Un apunte práctico para quien venga de fuera: se llega en coche desde Ronda en unos diez minutos y no hay transporte público que sirva. Y otro para quien venga con niños: se admiten, pero con otra persona que pueda hacerse cargo durante las clases.

✦ Consejo Wellna

Si vas a probar el Ashtanga estilo Mysore, no reserves una noche: reserva tres. Este método no se entiende en una sesión suelta porque la primera mañana se va casi entera en aprender el orden, y la gracia aparece cuando repites la misma secuencia cuatro días seguidos y compruebas que el cuerpo ya sabe qué viene después. Es exactamente el tipo de práctica que justifica quedarse a dormir, al revés que una clase de Vinyasa, que puedes probar en una tarde. Y si solo quieres ver el sitio, pide la clase suelta un día entre semana: verás la sala vacía y sin el ruido de un grupo de retiro.


Dónde

En el partido rural de Los Morales, al norte de Ronda, con acceso por el carril del Noque. Diez minutos en coche desde el centro.


Preguntas frecuentes

¿Se puede ir a una clase de yoga sin alojarse?

Sí, y es lo que distingue esta casa de la mayoría de retiros de la serranía. Se puede reservar una clase suelta sin pernoctar, siempre con cita previa por correo o WhatsApp. Es la vía más sensata si vives en Ronda o en la comarca y lo que buscas es una escuela con horario, no una escapada.

¿Qué tipo de yoga se practica en El Carmen Yoga House?

Tres formatos grupales: Ashtanga estilo Mysore, en el que cada persona practica su parte de la secuencia a su ritmo con corrección individual; Vinyasa Flow, que encadena movimiento y respiración con secuencias distintas cada sesión; y Fundamentos de Yoga, pensado para quien empieza. Se completan con sesiones de pranayama y meditación, y con clases privadas ajustadas a cada persona.

¿Dónde está y cómo se llega?

En el partido rural de Los Morales, al norte de Ronda, con acceso por el carril del Noque, a unos diez minutos en coche del centro de la ciudad. No hay transporte público que sirva, así que conviene ir en coche. Se atiende en español y en inglés.

¿Hace falta llevar esterilla o tener experiencia previa?

No hace falta esterilla: hay material disponible en la sala, aunque si prefieres practicar al aire libre o en la habitación conviene llevar la tuya. Tampoco hace falta experiencia: la clase de Fundamentos de Yoga está pensada precisamente para quien nunca ha practicado o quiere revisar la base.

¿Qué distingue un retiro serio de una estancia con clase incluida?

Tres preguntas lo resuelven. Quién imparte y qué formación tiene. Cuántas horas de práctica hay al día y si son de clase o de tiempo libre. Y si la escuela existe fuera del retiro, es decir, si hay programación regular y sala propia o el retiro es todo lo que hay. Con esas tres respuestas se distingue una escuela con habitaciones de un alojamiento con esterillas.

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