El Capricho de Gaudí en Comillas a la hora azul, con su torre de cerámica recortada sobre el cielo

Reportaje · Comillas

El pueblo que un indiano construyó para descansar: Comillas, Gaudí y el mar de Oyambre

Un pueblo de 2.500 habitantes con un Gaudí, un palacio neogótico y la primera luz eléctrica de España. Comillas se levantó como lugar de veraneo de la aristocracia, y siglo y medio después sigue siendo, sobre todo, un sitio para parar.

  • Reportaje
  • Comillas
  • Modernismo
  • Actualizado: 2026

El modernismo catalán no empezó en Barcelona. Algunas de sus primeras obras se ensayaron a casi setecientos kilómetros, en un pueblo marinero de Cantabria, porque un hombre que había hecho fortuna en Cuba quiso que el lugar donde nació estuviera a la altura del rey al que traía a veranear.

El pueblo del indiano

Antonio López y López nació en Comillas en una familia humilde, hijo de una viuda, y emigró a Cuba con catorce años. Volvió convertido en uno de los hombres más ricos de España: dueño de la Compañía Trasatlántica, del Banco Hispano Colonial, de la Compañía de Tabacos de Filipinas. El rey Alfonso XII lo hizo primer Marqués de Comillas, y en 1881 eligió la villa como destino de veraneo real. Para recibirlo, el marqués hizo de su pueblo natal un escaparate: Comillas fue la primera localidad de España con alumbrado eléctrico público.

Y, sobre todo, llamó a los artistas. Como mecenas, trajo a la flor del modernismo catalán —Joan Martorell, Lluís Domènech i Montaner, los hermanos Llimona, y a un Gaudí todavía treintañero— para llenar la villa de palacios, capillas y caprichos. El resultado es insólito: un pueblo de poco más de dos mil habitantes que reúne, en apenas unas calles, uno de los conjuntos modernistas más importantes de España. Y todo, conviene recordarlo, levantado al servicio de una idea muy concreta: el descanso de verano de las grandes familias.

Detalle modernista de Comillas: cerámica de girasoles y forja sobre piedra a la hora azul
Comillas fue uno de los primeros lugares donde se ensayó el modernismo catalán, antes incluso que Barcelona.

El Capricho de Gaudí

La joya es una casa pequeña escondida entre los árboles, tan discreta por fuera que casi se pasa de largo. Gaudí la proyectó entre 1883 y 1885 para otro indiano, Máximo Díaz de Quijano, concuñado del marqués, que quería una residencia de verano y murió a los pocos meses de terminarla sin llegar a habitarla. Es una de las tres únicas obras que Gaudí construyó fuera de Cataluña, y la única donde manda el verde.

El Capricho de Gaudí

Modernismo · Comillas

Bautizada Villa Quijano, se la apodó El Capricho por pura belleza. La fachada combina piedra, ladrillo y cerámica con girasoles, y una torre-minarete de veinte metros la corona como un alminar oriental. Dentro, todo es metáfora musical: barandillas con forma de clave de sol, ventanas de guillotina que suenan al subir y bajar, vitrales con abejas que tocan instrumentos. Fuera, un jardín en herradura conserva uno de los pocos ejemplos de paisajismo de Gaudí que quedan en pie. Funcionó como restaurante de lujo hasta 2009; hoy se visita como museo, por libre o con guía.

Una de las 3 obras de Gaudí fuera de Cataluña Torre-minarete de 20 m Villa Quijano · 1883-1885
Ver web →

Sobrellano y la villa modernista

Junto al Capricho, separados por un jardín, se levanta el conjunto que el marqués encargó para sí mismo: un palacio, una capilla y, en la colina de enfrente, una universidad. Los firmó Joan Martorell, maestro y colega de Gaudí, y entre los tres dibujan la silueta inconfundible de Comillas contra el cielo.

Palacio de Sobrellano

Modernismo · Comillas

Un palacio neogótico de aire romántico —casi de novela de Poe— levantado entre 1878 y 1888, con un salón del trono forrado de pan de oro y murales que narran la historia del marquesado. Al lado, la capilla-panteón, pequeña como una ermita pero con porte de catedral, guarda mobiliario diseñado por un joven Gaudí. Es Bien de Interés Cultural desde 1985 y se visita por dentro con guía; el conjunto se completa con la Universidad Pontificia en lo alto y, camino del mar, el cementerio con el Ángel Exterminador de Llimona velando sobre unas ruinas góticas.

Neogótico de Joan Martorell Mobiliario de Gaudí en el panteón BIC desde 1985
Ver web →

El mar de Oyambre

Comillas no termina en sus piedras. Hacia el oeste empieza el Parque Natural de Oyambre, una franja de cincuenta y siete kilómetros cuadrados de dunas, marismas, acantilados y playas vírgenes —Oyambre, Merón, El Rosal— que enlaza la villa con San Vicente de la Barquera. Es el otro descanso de Comillas: el que no tiene horario de visita.

San Vicente, al final del parque, es un pueblo que cambia con la marea. Para entrar hay que cruzar agua siempre, por el Puente de la Maza —medio kilómetro de piedra del siglo XV que llegó a tener treinta y dos arcos—, y el casco emerge del estuario con el castillo y la iglesia gótica arriba. Las marismas suben y bajan dos veces al día, y con ellas cambia el paisaje entero. Si el cielo acompaña y la marea está alta, detrás aparece la línea blanca de los Picos de Europa, a treinta kilómetros: la montaña y el mar en la misma postal, aunque solo unas horas al día.

El estuario de San Vicente de la Barquera con marea alta y los Picos de Europa nevados al fondo a la hora azul
En San Vicente, para entrar hay que cruzar agua siempre. Con marea alta y día claro, los Picos de Europa asoman al fondo.

Cuidarse hoy, como entonces

Aquella villa que se construyó para el reposo de verano sigue, a su manera, en el mismo oficio. No hay aquí grandes balnearios ni circuitos de aguas espectaculares —conviene decirlo sin humo: para eso, los Picos asturianos quedan a un paso—. El bienestar de Comillas y San Vicente es más pequeño y más cotidiano, hecho de consultas a pie de calle y salas tranquilas.

Lo sostienen sitios como El Puente Pilates, en Comillas, o Fisioterapia Eraxis, en la misma calle Antonio López que lleva el nombre del marqués, donde Erika Fernández trabaja la osteopatía y el pilates terapéutico en sesiones largas, de una hora, también con bebés y niños. En San Vicente, el centro de Lorena Celis atiende a pie de soportales, y la zona de Oyambre tiene su práctica de yoga frente al mar. Ninguno aspira a ser un destino en sí mismo; juntos, son la forma contemporánea de hacer lo que Comillas lleva siglo y medio haciendo: parar, respirar y dejar que el cuerpo se ponga al día.

✦ Consejo Wellna

Ve fuera de verano y deja el coche aparcado. Comillas se camina entera: El Capricho y Sobrellano están juntos, y desde allí se baja al mar sin prisa. Reserva la entrada al Capricho con antelación —el aforo es limitado— y déjala para primera hora, cuando hay menos gente y mejor luz. Y si quieres la foto de San Vicente con los Picos detrás, no la dejes al azar: mira la tabla de mareas y el parte, busca la pleamar de un día despejado de otoño o primavera, y ponte en el Puente de la Maza. Lo demás —un paseo por Oyambre, una clase de pilates, un buen pescado— cae solo.

El mar Cantábrico al anochecer desde la costa de Comillas, con la luz azul sobre el agua
El mismo Cantábrico que trajo aquí a la corte sigue marcando el ritmo: el de la marea, no el del reloj.

Dónde

Todo el Comillas modernista cabe en un paseo —El Capricho y Sobrellano, juntos— y el mar de Oyambre lo enlaza con San Vicente de la Barquera, al otro lado del parque natural.


Preguntas frecuentes

¿Por qué hay una obra de Gaudí en un pueblo de Cantabria?

Por un indiano. Máximo Díaz de Quijano, que había hecho fortuna en Cuba, encargó El Capricho hacia 1883, y su conexión con el primer Marqués de Comillas —Antonio López, mecenas de los modernistas catalanes— trajo a Gaudí a la villa. Comillas fue, de hecho, uno de los primeros lugares donde se ensayó el modernismo catalán, antes incluso que en Barcelona.

¿Qué se puede visitar del Comillas modernista?

El Capricho de Gaudí (Villa Quijano), el Palacio de Sobrellano y su capilla-panteón de Joan Martorell, la Universidad Pontificia en lo alto, el cementerio con el Ángel Exterminador de Llimona sobre unas ruinas góticas, y detalles como la Fuente de los Tres Caños o la Puerta de los Pájaros. El Capricho y Sobrellano se visitan por dentro; el resto, en una vuelta a pie por la villa.

¿Se ven los Picos de Europa desde San Vicente de la Barquera?

Sí, pero no cualquier día. Hace falta cielo despejado y, para la estampa del pueblo reflejado con la montaña detrás, marea alta. La cumbre nevada se aprecia sobre todo de finales de otoño a primavera. Conviene mirar el parte y la tabla de mareas antes de ir; el mejor frente es el Puente de la Maza.

¿Hay spa o balneario en Comillas?

No es un destino de spa, y conviene decirlo sin adornos: la oferta de circuitos de aguas es modesta. El descanso aquí es de otra clase —un paseo por la villa modernista, la marea subiendo en Oyambre, una clase de pilates o una sesión de fisioterapia—. Para gran spa de montaña, los Picos de Europa quedan a un paso por el lado asturiano.

Estrena la conversacion

Cuentanos si has estado alli, que te llevarias y que esperabas encontrar. Tu recomendacion guia a quien todavia lo esta buscando.