Escapada · Navarra
Navarra siguiendo el agua, del manantial más salado de Europa a las termas de Fitero
Pocas comunidades cambian tanto en tan poco. En un solo día cruzas Navarra del norte atlántico y verde al sur árido y volcánico, y el agua termal cuenta esa misma historia: empieza fría y salada como el mar Muerto, y acaba caliente como en tiempos de Roma.
- Escapada
- Navarra de norte a sur
- Dos balnearios
- Actualizado: 2026
Navarra mide poco más de cien kilómetros de arriba abajo, pero en ese trayecto pasa de los bosques húmedos de robles y hayas del norte cantábrico al semidesierto de las Bardenas. Esta escapada usa el agua termal como hilo para cruzarla entera: dos balnearios en las dos puntas, dos aguas que no se parecen en nada.
Una comunidad, dos aguas opuestas
La gracia de esta ruta es el contraste, y es real, no un recurso de folleto. Arriba, en el valle del Malerreka —la Navarra atlántica, verde y lluviosa, a una hora de San Sebastián—, el manantial de Elgorriaga da el agua mineromedicinal más salada de Europa: sale fría y tan cargada de sal que flotas sin esfuerzo. Abajo, en Fitero, pegado a La Rioja y a las Bardenas, en tierra seca y volcánica, el agua brota caliente desde época romana. Frío contra calor, sal contra minerales, verde contra ocre. La misma comunidad.
Se puede hacer en un fin de semana largo con una noche en cada extremo, o partirla en dos viajes. Lo natural es empezar por el norte —más fresco para el cuerpo— y bajar al sur, donde el agua caliente cierra mejor. Por el camino, dos mundos distintos que visitar entre baño y baño.
El norte: Elgorriaga y el agua que hace flotar
Empezamos arriba, en el valle del Malerreka, comarca de bosques y regatas por la que discurre la Vía Verde del Bidasoa —antiguo trazado del tren txikito, hoy paseo entre robles pegado al río—. Elgorriaga es el pueblo más pequeño del valle, y su balneario, la razón para venir.
Hotel Balneario Elgorriaga
Norte · Valle del Malerreka · A 1 h de San Sebastián
El agua de Elgorriaga es su gran singularidad: clorurada, sódica y ferruginosa, con cerca de ciento ochenta y nueve gramos de cloruro por litro, lo que la convierte en el agua mineromedicinal más salada de Europa. Brota fría, a unos catorce grados, y se calienta hasta los treinta y cuatro para el baño. El circuito termal tiene piscina dinámica con nado contracorriente y cascadas, piscina de contraste, sauna finlandesa y baño turco, pero lo que hay que probar es el flotarium: el agua tiene tanta sal que el cuerpo flota solo, como en el mar Muerto (lleva gafas de bucear, que pica en los ojos). Alrededor, el norte verde: la Vía Verde del Bidasoa a un kilómetro, San Sebastián a una hora y Francia a treinta kilómetros.
Antes de bajar al sur, el norte da para un día: recorrer un tramo de la Vía Verde del Bidasoa, acercarse a los pueblos-museo del valle del Baztán o hacer una escapada rápida a San Sebastián, que queda a un paso. Es la Navarra que casi parece Guipúzcoa.
El sur: Fitero y el agua de los romanos
Y ahora, el salto. Bajando hacia la Ribera, el paisaje se seca: desaparecen los robles, aparecen los viñedos, la tierra se vuelve ocre y aparecen las Bardenas Reales, ese semidesierto de reserva de la biosfera que parece rodado para un western. En ese extremo, pegado a La Rioja, está Fitero.
Balneario de Fitero
Sur · Ribera de Navarra · Junto a las Bardenas
Aquí el agua es lo contrario que en el norte: brota caliente, a más de cincuenta grados, con fuerte mineralización, y se usa desde época romana. El Balneario de Fitero es una de las estaciones termales más importantes del país —un complejo con dos hoteles históricos, el Gustavo Adolfo Bécquer y el Virrey Palafox, sobre dos manantiales—, y fue el primero de España en obtener la Q de Calidad Turística. Se puede ir de estancia o contratar planes de día solo para el agua. A un paseo está el monasterio cisterciense de Santa María la Real, del siglo XII, que dio origen al pueblo; y a un tiro de coche, las Bardenas Reales y la ciudad de Tudela. Contamos Fitero también, desde el ángulo del pueblo, en nuestra escapada de pueblos con balneario.
Haz la ruta de norte a sur y en ese orden, porque tiene una lógica de temperatura: empiezas con el agua fría-salada de Elgorriaga, que es más estimulante, y terminas con el agua caliente de Fitero, que es la que de verdad te deja fundido y listo para dormir. Reserva los circuitos en los dos —van por aforo y turnos— y, si solo quieres el agua sin alojarte, pregunta por los planes de día, que ambos tienen. Un aviso honesto: son dos balnearios de estilo distinto. Elgorriaga es más circuito lúdico; Fitero es más clásico, de estancia larga y con mucho programa del Imserso. Y aprovecha el contraste del entorno, que es la mitad de la gracia: arriba, la Vía Verde del Bidasoa y San Sebastián; abajo, las Bardenas Reales y el monasterio de Fitero. No vengas solo a los baños: ven a ver cómo cambia Navarra entre uno y otro.
Wellna es una publicación de bienestar, no un servicio médico: describimos experiencias, no tratamientos. Las aguas de cada balneario tienen su propia composición; el agua muy salina y los circuitos termales tienen contraindicaciones (embarazo, hipertensión, ciertas afecciones), por lo que ante cualquier duda conviene consultar con un profesional. Horarios, precios y condiciones pueden variar; confírmalos y reserva en la web de cada centro antes de ir.
El recorrido
De punta a punta de Navarra: Elgorriaga arriba, en el Malerreka; Fitero abajo, en la Ribera.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto se tarda de Elgorriaga a Fitero?
Son los dos extremos de Navarra, así que hay que contar con unas dos horas y media a tres horas en coche entre uno y otro. Precisamente por eso esta escapada se plantea con una noche en cada zona, o como dos viajes separados. El trayecto en sí es parte del plan: se ve cambiar el paisaje del norte verde al sur árido.
¿Cuál es el mejor orden para hacer la ruta?
De norte a sur. Se empieza por Elgorriaga, con su agua fría y salada más estimulante, y se termina en Fitero, con el agua caliente que relaja de verdad. Además tiene sentido geográfico si vienes del norte o del País Vasco, y deja la Ribera y las Bardenas para el final.
¿Qué hay que ver además de los balnearios?
En el norte, la Vía Verde del Bidasoa, los valles del Malerreka y el Baztán, y San Sebastián a una hora. En el sur, el monasterio cisterciense de Santa María la Real en Fitero, las Bardenas Reales y la ciudad de Tudela. El contraste entre ambos entornos es una de las razones para hacer la ruta entera.
¿Se puede ir a los balnearios sin alojarse?
Sí, los dos ofrecen planes de día para usar el circuito termal sin pernoctar, siempre con reserva previa porque funcionan por aforo y turnos. Si quieres hacer tratamientos de varios días o buscas el ambiente de balneario clásico, entonces conviene alojarse, sobre todo en Fitero.

