Poza de piedra con agua humeante junto a un río a la hora azul, sin nadie a la vista

Escapada · Aire libre

Las aguas termales naturales y gratuitas de España

Pozas de agua caliente al aire libre, donde la tierra calienta el baño y nadie cobra entrada. Siete lugares reales, con su estado a día de hoy y lo que conviene saber antes de meterse.

  • Escapada
  • Termalismo al aire libre
  • Siete pozas verificadas
  • Actualizado: 2026

Hay un tipo de baño que ningún spa puede vender: el que sale del suelo. En España el agua brota caliente en muchos sitios, y en unos pocos alguien tuvo la decencia de dejarla al aire libre, ponerle cuatro piedras alrededor y no cobrar por entrar. Esta escapada recorre esos sitios. No todos son iguales, no todos están abiertos siempre, y en ninguno hay un socorrista mirando por ti. Precisamente por eso merece la pena contarlos bien.

Antes de meterte: qué es gratis y qué no

Conviene aclarar de qué hablamos. Aquí solo entran lugares donde el agua sale del suelo ya caliente, o al menos templada, y donde el acceso es libre o, como mucho, se regula por aforo en verano. Quedan fuera los balnearios, por buenos que sean, y las piscinas de hotel que se calientan con caldera. Y quedan fuera también las fuentes de las que se bebe pero en las que no se puede uno bañar, que en España hay muchas y darían para otra pieza.

Lo segundo que hay que saber es que gratis casi nunca quiere decir controlado. En Ourense hay servicio de atención y primeros auxilios; en la mayoría de los demás sitios no hay nadie. Algunas de estas aguas están declaradas mineromedicinales y otras no; en alguna el agua cambia de temperatura según lo lleno que esté un embalse, y en otra, sencillamente, el baño desaparece bajo el agua la mayor parte del año. Aquí no hay taquilla, y eso significa que la comprobación la haces tú: el nivel del río, la hora, cuánto tiempo aguantas dentro. Lo contamos sitio a sitio.

Gratis no significa sin normas. Significa que la norma la pones tú.

Ourense: la ciudad que dejó sus termas abiertas

No hay otra ciudad en España donde el termalismo público sea tan normal. A lo largo del Miño, saliendo del centro por el paseo termal, hay tres zonas gratuitas: A Chavasqueira, la más cercana, con pozas de piedra escalonadas donde el agua brota a más de sesenta grados y se entibia hasta los cuarenta; O Muíño da Veiga, junto a un molino restaurado, con la poza grande de doscientos metros cuadrados y un manantial que sale entre sesenta y cinco y setenta y dos grados; y la Burga de Canedo, en Outariz, con sus piscinas dobles de agua caliente y una fría para el contraste. Todas abren de diez de la mañana a ocho de la tarde y cuentan con personal de atención, algo que no vas a encontrar en ningún otro sitio de esta lista.

La contrapartida es el río. El Miño crece, y cuando crece las pozas se cierran. En la primavera de 2026 A Chavasqueira y O Muíño da Veiga estuvieron semanas cerradas por las crecidas y reabrieron el 1 de abril tras la limpieza; la zona gratuita de Outariz y la piscina de As Burgas, en pleno casco histórico, siguen cerradas al baño. El Concello mantiene una página con el estado actual de cada terma, y merece la pena mirarla la mañana que vayas. Es la única ciudad de esta escapada donde alguien te dice, oficialmente, si el baño está abierto.

Arnedillo: la fuente de los pobres

En el valle del Cidacos, en La Rioja, el agua sale del suelo a cincuenta y dos grados y medio, a siete metros por encima del río y a diez de su orilla. El Ayuntamiento hizo tres pozas de piedra en paralelo al cauce, de forma que el agua pasa de una a otra y se va enfriando: la primera quema, la última ronda los treinta y cinco. Están abiertas siempre, las veinticuatro horas de cualquier día del año, con duchas y un cartel que indica cuánto tiempo conviene quedarse dentro. A ciento cincuenta metros, al otro lado del río, está el balneario, y de ahí viene el mote local: las pozas son la fuente de los pobres, y la fuente de los pobres es la misma agua.

Se llega desde el pueblo por la senda del agua termal, unos seiscientos metros de ribera. En invierno, los fines de semana se llenan pronto; a primera hora, o de noche en los meses cálidos, se está solo con el vapor. Dos avisos prácticos: en todo el municipio está prohibido aparcar furgonetas y autocaravanas fuera del área habilitada, y el río, a un metro de las pozas, baja frío de verdad. Quien quiera contraste lo tiene.

Tiermas: el balneario que sale del embalse

Este es el más raro de la lista, y el más frágil. Tiermas era un pueblo de la Jacetania con un balneario de aguas sulfurosas que brotan a cuarenta y dos grados. En los años sesenta lo tapó el embalse de Yesa, junto con Escó y Ruesta. Pero el manantial sigue saliendo bajo el agua, y cuando el pantano baja lo suficiente (por debajo de un treinta por ciento de su capacidad, cosa que suele ocurrir de septiembre en adelante en años secos) afloran las ruinas del balneario y, entre ellas, pequeñas pozas de piedra que la gente ha ido levantando para bañarse en el agua que huele a azufre.

No hay nada más: ni cartel, ni duchas, ni nadie. Se aparca en la cuneta de la N-240, antes del pueblo viejo, y se baja andando hasta la orilla. Es un baño con fecha de caducidad doble: la del nivel del embalse, que puede subir en una semana, y la del recrecimiento de Yesa, que puede dejar el manantial bajo el agua para siempre. Si vas, ve sabiendo que estás en un lugar que fue de otros y que un día dejará de verse.

Vapor sobre agua oscura entre rocas al amanecer, sin nadie a la vista
Lo que ningún spa puede fabricar: agua que llega caliente desde abajo, sin caldera y sin taquilla.

Montanejos: agua templada en una garganta

La Fuente de los Baños, en el interior de Castellón, no es agua caliente: sale a veinticinco grados constantes todo el año, que es lo que la hace bañable en enero, cuando el vapor se levanta sobre el Mijares, y refrescante en agosto. El manantial cae al río en una garganta de caliza de unos quince metros de altura, con un área de baño de más de cien metros cuadrados y puntos donde cubre tres metros. Es un paraje declarado de interés natural, con merenderos, y con una historia larga: Isabel II declaró sus aguas de utilidad pública y hasta los años sesenta un médico indicaba a los enfermos cuánto tiempo estar dentro.

Aquí hay que ser preciso con lo de gratis. La mayor parte del año el acceso es libre y sin control. Pero en Semana Santa, el primer fin de semana de mayo y todo el verano (en 2025, del 26 de junio al 6 de septiembre; el Ayuntamiento publica cada primavera las fechas) se cobra una entrada de cuatro euros y medio, de nueve de la mañana a seis de la tarde, para controlar el aforo; fuera de ese horario se entra sin pasar por taquilla. Es la excepción honesta de esta lista: un lugar que se regula porque, si no, se lo comen.

Alhama de Granada: tres pozas bajo el balneario

Alhama quiere decir baños en árabe, y el pueblo lo lleva en el nombre porque el manantial sale a más de cuarenta grados desde tiempos de los romanos. Ese mismo caño alimenta el balneario histórico, con sus baños del siglo XII bajo cúpula, y también, unos metros más abajo, junto al río Alhama y al puente romano, tres pozas al aire libre que son de todos. La primera, cuadrada, es la más caliente y caben tres personas; la segunda, ovalada, es la más cómoda y no cubre más de un metro; la tercera, más grande y templada, sirve para el contraste.

Están a dos kilómetros y medio del pueblo, media hora andando o cinco minutos en coche, y para bajar hay que pasar la cancela del balneario; si está cerrada se bordea, el paso está permitido. En invierno el hotel puede estar cerrado y entonces se aparca en la carretera. Es el sitio más íntimo de la lista y también el más pequeño: con diez personas ya está lleno.

Zújar: la poza que depende del Negratín

En el altiplano de Granada, en la cola del embalse del Negratín y a los pies del cerro Jabalcón, hay una poza turquesa de unos treinta metros de largo donde el agua sulfurosa brota entre los treinta y ocho y los cuarenta grados. El antiguo balneario de Zújar, con restos de uso romano, quedó bajo el pantano en 1985; lo que queda es el nacimiento, acondicionado con piedras, abierto las veinticuatro horas y sin ninguna taquilla. Encima, el restaurante Los Baños tiene una piscina termal propia, de pago, por si la de abajo no está.

Porque puede no estar. La poza se ve y se calienta cuando el embalse está bajo; si está lleno, el agua fría del pantano entra y la enfría, o directamente la tapa. Otoño e invierno, después del gasto del verano, suelen ser la época buena. Conviene mirar el nivel del Negratín antes de hacer los kilómetros. Se llega por la A-92 hacia Baza y la A-315 hacia Zújar, y luego por una pista asfaltada hasta la orilla.

La Hedionda: baño con bóveda en Casares

En la sierra de la Utrera, en Casares, un manantial sulfuroso mana bajo un edificio de bóvedas cuyas obras empezaron en el siglo XVII y que la tradición atribuye, con más cariño que pruebas, a Julio César. El nombre viene del olor. Aquí no hay que buscar calor: el agua sale fresca, alrededor de los veinte grados, y el baño se hace en la penumbra de la cúpula y en el arroyo de fuera, entre acueductos y canales que aprovecharon esa agua durante siglos. Es el más patrimonial de los siete y el único donde te bañas dentro de un edificio histórico.

La entrada es gratuita todo el año, pero en verano se regula: en 2026, del 20 de junio al 6 de septiembre, hace falta reservar en Eventbrite, con un máximo de dos plazas por persona y turnos de una hora, de doce a siete entre semana y hasta las ocho los fines de semana. Fuera de esas fechas se entra sin reserva. Es la manera que ha encontrado el pueblo de que la bóveda siga en pie.

✦ Consejo Wellna

Trata estas pozas como lo que son: agua caliente sin nadie al cargo. Entra despacio, no te quedes más de quince o veinte minutos seguidos en la más caliente, sal si notas que la cabeza va por su cuenta, y no bebas del caño aunque veas a alguien hacerlo. Ve con alguien, sobre todo de noche. Y antes de arrancar el coche, comprueba lo único que estas aguas no pueden garantizarte: que hoy están abiertas. Ourense lo publica; en Tiermas y Zújar manda el nivel del embalse; en Montanejos y la Hedionda, el calendario del Ayuntamiento. Si te interesa cómo llegamos a tener tantos manantiales y tan pocos sitios donde bañarse, lo contamos en el termalismo perdido.

Wellna es una publicación de bienestar, no un servicio médico. Contamos dónde brota el agua, a qué temperatura y cómo se accede; no atribuimos efectos sobre la salud a ninguna de estas aguas. No todas cuentan con control sanitario ni con vigilancia. El baño en agua caliente tiene contraindicaciones (embarazo, hipertensión, afecciones cardiacas o circulatorias, entre otras); ante cualquier duda de salud conviene consultar con un profesional. Horarios, aforos y condiciones de acceso cambian cada temporada y dependen del nivel de ríos y embalses; comprueba siempre el canal oficial del municipio antes de ir.


Preguntas frecuentes

¿Se puede ir a estas pozas en invierno?

Sí, y para muchos es la mejor época: el agua sale caliente igual y el contraste con el aire frío es parte del baño. Arnedillo, Alhama y las termas de Ourense funcionan todo el año; Tiermas y Zújar suelen estar en su mejor momento en otoño e invierno, cuando los embalses bajan. Lleva chanclas y toalla, y ten en cuenta que salir del agua a tres grados requiere cierta decisión.

¿Son seguras estas aguas? ¿Están controladas?

Depende del sitio. Las termas de Ourense tienen personal y primeros auxilios, y sus aguas están declaradas mineromedicinales. En el resto no hay vigilancia, y en algunos casos el agua no está sometida a control sanitario. La regla es sencilla: no beber del manantial, no bañarse solo, limitar el tiempo en la poza más caliente y salir ante cualquier mareo.

¿Hay que reservar o pagar en alguna?

Todas son de acceso gratuito la mayor parte del año. Dos regulan el verano: la Fuente de los Baños de Montanejos cobra una entrada de aforo (4,50 euros) en Semana Santa, el primer fin de semana de mayo y de finales de junio a principios de septiembre, y los Baños de la Hedionda exigen reserva gratuita en Eventbrite del 20 de junio al 6 de septiembre. Fuera de esas fechas se entra sin más.

¿Cuánto tiempo conviene estar dentro?

En las pozas más calientes, las que rondan los cuarenta grados, entre quince y veinte minutos seguidos es una referencia razonable; Arnedillo lo indica en sus carteles. Después conviene salir, enfriarse y, si apetece, volver a entrar. Más tiempo no es mejor baño: es más probabilidad de marearse.

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