Carta del editor
Por qué Wellna es como es
Una explicación, no un balance. Para quien quiera saber quién hay detrás y por qué aquí no hay anuncios.
Wellna empezó en 2022 por una razón que no sirve para un plan de negocio: esta temática me gusta, me inspira y me motiva. Tenía muchas ideas en la cabeza y ninguna estructura.
Lo que hay hoy se ha ido haciendo poco a poco, a base de prueba y error, de quitar y volver a poner. Desde el principio hubo gente a la que le gustó y gente que me decía que la web era muy oscura, que no le gustaba tan oscuro. Las dos cosas me han servido. Wellna sigue siendo oscura porque así la veo yo, pero procuro que se lea bien, y cuando alguien me dice que no, lo miro.
En 2023 la presenté a los premios Creadores de 20minutos y quedó finalista en la categoría de Bienestar. Fue un empujón. También fue el momento en que empecé a recibir muchos consejos, casi todos de personas que saben de esto más que yo, y casi todos iban en la misma dirección: monetiza. Anuncios por todas partes, publicidad incrustada en los textos, cobrar por publicar, llenar Wellna de empresas.
Me niego.
No porque esté mal ganar dinero con una web, ni porque yo tenga razón y ellos no. Es que no quiero que quien lee aquí tenga que estar más pendiente de dónde pone el dedo o el ratón que de lo que está leyendo. No quiero que un centro aparezca en Wellna porque ha pagado, ni que deje de aparecer porque no lo ha hecho. Seguramente muchísimos centros son muy profesionales y saben de lo suyo bastante más que yo; eso no cambia cómo trabajo. Para bien o para mal, es mi forma de hacerlo.
Wellna no vive de anuncios y no vivirá de ellos. Si algún día se sostiene, será por el trabajo que ya hace: comprobar centros uno a uno y poner esa información, verificada, a disposición de quien la necesite para trabajar. Nada de eso tocará lo que el lector ve en estas páginas.
Esa decisión tiene un precio y lo he pagado yo: muchas horas, tiempos mejores y tiempos peores, y cientos de correos que probablemente nadie llegó a leer. Wellna hoy no es un referente en nada. Pero algo ha cambiado. En las analíticas veo que la gente entra, se queda un rato, se interesa por lo que hay. Y hay ya un grupo de centros, grandes y pequeños, que me han leído, que han contestado y que me han enviado lo que les pedí.
Lo más importante no son los centros. Son las personas que hay dentro.
No voy a poner sus nombres. Me escribieron a mí, no al público, y convertir una respuesta privada en un escaparate sería hacer justo lo que he dicho que no hago. Pero están ahí. La directora de un centro con mucho renombre que contestó como si tuviera todo el tiempo del mundo. La orientadora que lleva décadas acompañando a gente y respondió ocho preguntas sin una sola frase hecha. Un maestro de yoga que lleva toda una vida enseñando y quiso compartir lo que escribimos. Una fisioterapeuta de barrio que me escribió para mandarme fotos de su consulta. Una profesora que da clase sin tener centro propio. Y el lugar que pidió no salir, que no sale.
Un correo de esos y un artículo que me enviaron hace poco me sobrecogieron. Ese es el impulso que me hace seguir.
Vivimos un tiempo en el que las inteligencias artificiales escriben y escriben. No digo que sea malo; a mí me ayudan, y mucho. Pero a día de hoy, todavía, el alma la ponemos las personas. Las que contestan un correo. Las que abren la puerta de su sala a las ocho de la mañana. Las que leen esto hasta el final.
Gracias.
Javier
Director de Wellna
Octubre de 2026
Cómo trabajamos, qué comprobamos y qué dejamos fuera: Método Wellna.
Por qué ningún centro paga por aparecer: el sello que no se compra.

