Escalera de un edificio antiguo de Madrid a la hora azul, con la barandilla de madera y una puerta entreabierta en el primer piso, sin nadie a la vista

Reportaje · Yoga

Shadak: la escalera de Ayala 10 por la que empezó el yoga en España

Un piso en traspaso, una librería que no llegó a abrir y un error de imprenta. Ramiro Calle responde por escrito a diez preguntas sobre el centro de yoga más antiguo de España, que abrió en enero de 1971 y sigue en el mismo primero derecha.

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  • Madrid · Ayala 10
  • Actualizado: 2026

Hay una escalera en la calle Ayala de Madrid por la que sube gente desde enero de 1971. Arriba, en un primero derecha, está Shadak, el centro de yoga más antiguo de España en funcionamiento continuo, y el hombre que lo abrió con veintisiete años sigue yendo a dar clase con ochenta y tres. Ramiro Calle no se llama a sí mismo maestro; cuando alguien lo hace, corrige con una frase que repite desde hace décadas: es un aprendiz, y el deber del aprendiz es seguir aprendiendo.

Antes de las preguntas

Empezó a los quince años, cuando en Madrid nadie sabía qué era el yoga, de la mano de Rafael Masciarelli, un estudioso de las tradiciones orientales al que sigue llamando su mentor. Había publicado ya varios libros cuando, con Almudena Hauríe, la que entonces era su mujer y una gran profesora y traductora, decidió abrir una librería orientalista en un piso en traspaso. La librería no llegó a existir. Lo que abrió fue un centro de yoga, con sus padres pagando y su hermano Miguel Ángel decorando, y con un nombre que iba a ser Sadhak, practicante, y que la imprenta convirtió en Shadak. Lo dejaron así. Con ese mismo hermano hizo después veinticinco años de radio.

Los primeros años no fueron de moda ni de curiosidad. Fueron de sospecha. Él ha contado que en aquella España el yoga tenía en la jerarquía católica un adversario que criticaba la meditación como si fuera una amenaza, y que en Ayala llegaron a temer que les cerraran el centro. Que hoy el yoga se enseñe en gimnasios y se venda en cursos de fin de semana no borra que hubo una época en la que sentarse en silencio en un primero derecha era un acto de cierta valentía.

Sala de meditación vacía con suelo de madera, cojines alineados y luz azul entrando por una ventana alta
La sala de meditación por la que, según la propia escuela, han pasado cientos de miles de personas. Para él, todo el piso es un laboratorio.

Por eso, quizá, su manera de hablar del yoga tiene poco de complaciente. En sus entrevistas recientes, en prensa y en un podcast al que ha vuelto por segunda vez, se le ha oído decir que el farsante es quien promete que el yoga lo cura todo; que la falsa autoayuda no ayuda a autorrealizarse sino a "egorrealizarse"; que hay quien habla de la meditación como si la hubiera inventado, cuando tiene cinco o seis mil años; que desconfía de los fines de semana que prometen despertar la kundalini, de las manos en la coronilla y de quien asegura que con tres minutos de práctica basta. Contó también que una televisión utilizó su fotografía para dar crédito a sesiones de espasmos colectivos y que tuvo que exigir una rectificación pública. Es el mismo hombre que rechazó reunirse con el primer ministro de la India para que el yoga no se convirtiera en una bandera. Uno lee todo eso y entiende por qué sigue en el mismo piso: no ha querido ser una marca.

Ha viajado noventa y nueve veces a la India y habla del viaje número cien como de un horizonte. Ha escrito más de doscientos cincuenta libros. Hace unos años estuvo tres semanas en coma y a los suyos les dijeron que le quedaban cuatro horas; de aquello no quiere hablar, lo dejó escrito en un libro y punto. Lo único que rescata, dice, es lo que le dejó: compasión y humildad, y la certeza de que la vida se da y se quita. Hoy Shadak lo llevan él y Luisa, su mujer, y en la sala se enseña raja-yoga y meditación después de más de cincuenta años de hatha.

Quisimos preguntarle por esa casa, no por el yoga en general, del que ya ha hablado en todas partes. Le enviamos diez preguntas por escrito y las respondió en unos días, entre una semana imposible y otra. Se publican tal como llegaron; solo hemos corregido alguna errata de teclado. Las tres primeras las contestó de una vez y nos pidió que las repartiéramos; así lo hemos hecho, sin cambiar una palabra.

"Shadak, cuánto me has dado y cuánto me has quitado."

Las diez preguntas

1Ha contado que Shadak iba a ser una librería orientalista y que acabó siendo un centro de yoga. ¿Qué pasó entre una idea y la otra, y en qué momento supo que ya no habría librería?

Almudena y yo estábamos muy sumergidos en la búsqueda espiritual y la transformación de la consciencia, y queríamos hacer algo en esta dirección. Primero, sí, barajamos poner una librería de orientalismo y temas de autodesarrollo, con la ventaja de que Almudena era bilingüe y ambos grandes lectores. Estuvimos viendo locales y hablando con personas que nos ayudaran a llevar la librería, o sea, libreros profesionales. Pero ambos ya practicábamos con entusiasmo yoga y meditación, y Almudena tenía unas dotes excepcionales para el hatha-yoga y para la meditación. Cambiamos de idea y pensamos en abrir un centro de yoga, pues yo había ya impartido clases particulares a domicilio y creado unos cursos de yoga por correspondencia, llamados "Asana".

2Enero de 1971, Madrid. Un piso en traspaso, sus padres, sus hermanos, Almudena. ¿Qué recuerda de la primera mañana en que se abrió la puerta a alumnos que no sabían muy bien a qué venían?

Mi padre encontró para nosotros un magnífico piso en la calle Ayala 10. Lo visitamos una mañana, ilusionados, Almudena, mis padres y mis dos hermanos, Miguel Ángel y Pedro Luis. ¡Qué gran momento! Mi hermano Miguel Ángel se encargó de decorarlo primorosamente y el 15 de enero de 1971 comenzamos a impartir clases. Nada menos que diez u once horas diarias. Almudena me servía de modelo para las clases de yoga físico, pues era un prodigio haciendo los asanas o posturas, y a la vez se encargaba de la secretaría. Yo también daba clases de meditación. En un año conseguimos 80 alumnos, pero en una de las clases, por ejemplo de nueve a diez de la noche, solo tuvimos durante varios años un alumno. Era el doctor internista y psicoanalista Miguel Fraile, que años después abrió su centro de yoga. Almudena y yo viajamos muchas veces a India, Nepal, Sri Lanka, Indonesia, Tailandia, Birmania y otros países de Asia.

3Almudena Hauríe cofundó el centro y llevó con usted clases y secretaría durante los primeros años. ¿Qué parte de Shadak es suya, y qué le gustaría que se recordase de ella?

Almudena nació para el yoga y la meditación. También ha traducido parte de los mejores libros que hay sobre el tema. Forma parte esencial del alma de Shadak y es una de las grandes pioneras del yoga en España. Dio también clases en las Aulas de la Tercera Edad y en una cárcel de mujeres.

Mesa de madera con libros antiguos de filosofía oriental apilados y una máquina de escribir, luz azul de ventana
Iban a abrir una librería orientalista. Vieron locales, hablaron con libreros, y cambiaron de idea.

4Aquellos primeros años fueron de mucho trabajo y poca compañía, cuando casi nadie sabía qué era el yoga. ¿Hubo algún momento en que pensara en cerrar, y qué lo sostuvo?

Nunca pensé en cerrar, y ya llevamos cerca de seis décadas. Pasados unos años, los alumnos comenzaron a aumentar enormemente, hasta llegar a tener mil al mes y media docena de profesores en un momento dado. Cuando se abría el curso, las colas llegaban a Serrano y en aquellos años había que apuntarse con más de medio año de adelanto.

Hace unos años decidí cerrar. Necesitaba dedicarme más a mi trabajo interior. Entonces éramos cuatro profesores: Luisa, Silvia, Dori y yo. Hace cuatro años nos quedamos Luisa y yo. Ahora estoy muy inmerso en redes con el afán de difundir y difundir. Luisa lleva la secretaría de Shadak, magistralmente, pues no es fácil, y también me lleva las redes con gran pericia, que tampoco es nada fácil.

5Tico Medina lo llamó «el templo del silencio». ¿Cómo llegó él hasta Ayala 10, y qué sintió al leer ese nombre en un periódico?

Me entrevistó algunas veces y una de ellas antes visitó el centro de yoga. Siempre fuimos muy atendidos por los medios, siempre, y durante años hice secciones de yoga y orientalismo en varios periódicos y revistas. Con la colaboración de Luisa, di clases de yoga a lo largo de tres años y en directo en TVE. Antes había dado clases de yoga en la Autónoma durante cinco años.

6Por Shadak han pasado profesores que después han abierto sus propios centros por toda España. Si tuviera que nombrar a dos o tres personas sin las que Shadak no sería lo que es, ¿quiénes serían?

Quien abrió su propio centro tras haber estado varios años impartiendo clases en Shadak fue Isabel Morillo. Su centro es una maravilla y se llama "Argüelles". Isabel es también osteópata y gran experta en nutrición. Antes que ella estuvieron profesores que forman el espíritu de Shadak, tales como Amparo, Silvia, Dori, Otilia, Rosa María, Carmen, Luisa y muchos otros. Han sido seis décadas y dábamos clases en dos salas e incluso los sábados mañana y tarde. Todos ellos son espíritu de Shadak. Una larga trayectoria. Hace unos meses estaba yo meditando en una de las salas de Shadak y un pensamiento-voz me tomó y dijo: "Shadak, cuánto me has dado y cuánto me has quitado".

Esquina de una calle del barrio de Salamanca de Madrid a la hora azul, fachadas antiguas y farolas encendidas, sin nadie a la vista
Cuando se abría el curso, las colas llegaban a la calle Serrano. Había que apuntarse con medio año de adelanto.

7Ha escrito que se ha enseñado hatha-yoga en el centro durante más de cincuenta años, y que hoy las clases son de raja-yoga y meditación. ¿Cómo fue ese tránsito, y qué se lleva consigo el cuerpo cuando la sala se queda con la mente?

Personalmente no hay un día que no haga hatha-yoga, pero necesitaba tiempo. Hay muchos centros de hatha y ninguno de raja-yoga tal como yo lo imparto.

8¿Hay un rincón, un objeto o una hora del día en Shadak que para usted sea el centro de verdad, más que cualquier otro?

La sala de meditación, por la que han pasado cientos de miles de personas, pero para mí todo Shadak es un ícono, un laboratorio para la transformación, un santuario.

9Dice que Luisa y usted continúan. ¿Cómo imagina Shadak dentro de veinte años? ¿Qué debería permanecer, aunque todo lo demás cambie?

No lo imagino. Todo viene y todo parte, todo fluye, nada permanece. Shadak es un piso en alquiler. No es el lugar geográfico, es la médula espiritual. Durante años fue una zona muy tranquila, ahora no lo es en el exterior. He rechazado fundaciones, franquicias, todo eso que solo son atadura, más cadenas. Soy un intermediario espiritual o gnóstico o como quiera decirse. Ningún legado. El legado es la Enseñanza.

10Si alguien que nunca ha oído hablar de Shadak leyera esta entrevista, ¿qué le gustaría que entendiera de lo que ha pasado en ese piso desde 1971?

Me gustaría que entendiera que lo esencial es la Enseñanza, como dijera Buda: perfecta en su comienzo, en su medio y en su final. Lo que hemos tratado, entre todos los que hemos formado parte de Shadak, es mantener la Enseñanza del yoga lo más pura posible, comprobando a veces con no poco dolor cómo iba degradando, desdibujándose y falseándose. Tengo 83 años y es solo por eso que al menos un día a la semana, asistido por Luisa, voy a Shadak a seguir impartiendo la Enseñanza, a la espera de que se abra la puerta, y no me refiero, claro, a la puerta de Shadak ni de mi casa.

Puerta de madera de un piso antiguo entreabierta, con luz azul saliendo del interior hacia un rellano en penumbra
"A la espera de que se abra la puerta, y no me refiero, claro, a la puerta de Shadak ni de mi casa."

Shadak hoy

Dónde: calle Ayala 10, 1º derecha, 28001 Madrid. Un primero sin cartel luminoso, en el barrio de Salamanca.

Qué se enseña: raja-yoga y meditación, en clases presenciales. El hatha-yoga se impartió en el centro durante más de cincuenta años y hoy se ofrece en vídeo.

Quién: Ramiro Calle, al menos un día a la semana, y Luisa Jiménez, que lleva la secretaría y las redes.

Cómo: por el correo y el teléfono que publica el propio centro en ramirocalle.es. No hay reserva online ni bono de prueba: se escribe y se pregunta.

✦ Consejo Wellna

No vayas a Shadak buscando una clase de yoga al uso, porque no es lo que hay: es un piso en alquiler donde un hombre de ochenta y tres años sigue sentándose a enseñar raja-yoga y meditación, como en 1971, sin franquicia, sin fundación y sin marca. Si te interesa el yoga como enseñanza y no como gimnasia, merece la escalera. Y si lo que quieres es hatha, en Madrid hay muchos sitios donde practicarlo; los que hemos comprobado están en nuestras guías de yoga en Madrid. Lo que no encontrarás en ningún otro es la sala del primero derecha.

Las respuestas de Ramiro Calle se publican íntegras y sin edición de fondo; se han corregido únicamente erratas de teclado. Los datos de la introducción proceden de la web del centro, de los textos publicados por el propio Ramiro Calle y de sus entrevistas recientes, y se atribuyen como tales. Wellna es una publicación de bienestar independiente: no mantiene relación comercial con Shadak ni con ninguna de las personas o centros mencionados, y no atribuye efectos sobre la salud a ninguna práctica. Este reportaje describe; no prescribe.


Preguntas frecuentes

¿Sigue abierto Shadak?

Sí. Según su web y las respuestas de esta entrevista, el centro sigue en Ayala 10, con clases presenciales de raja-yoga y meditación. Ramiro Calle acude al menos un día a la semana y Luisa Jiménez lleva la secretaría. Los horarios se consultan directamente con el centro.

¿Es el centro de yoga más antiguo de España?

Es el más antiguo que sigue en funcionamiento continuo en el mismo lugar desde su apertura, el 15 de enero de 1971. Hubo enseñanza de yoga en España antes de esa fecha, en clases particulares y en algún otro espacio, pero no un centro que haya seguido abierto sin interrupción durante más de cinco décadas.

¿Cuántas personas han pasado por Shadak?

Según la propia escuela, más de seiscientas mil. La cifra ha ido creciendo en las declaraciones del centro a lo largo de los años (medio millón en torno a 2015, seiscientas mil desde 2023) y nunca ha habido un recuento externo. En su momento de mayor actividad, el centro llegó a tener mil alumnos al mes y media docena de profesores.

¿Quién es Ramiro Calle?

Pionero de la enseñanza del yoga en España, nacido en Madrid, autor de más de doscientos cincuenta libros sobre yoga, meditación y tradiciones orientales, y cofundador de Shadak junto a Almudena Hauríe en 1971. Ha viajado a la India en noventa y nueve ocasiones y dio clases de yoga en la Universidad Autónoma de Madrid y en TVE.

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