Reportaje · Patrimonio termal
Las saunas castreñas, los baños de vapor que el noroeste construyó hace 2.500 años
Existían antes de que llegaran las termas romanas, no tienen nada que ver con la tradición finlandesa y algunos siguen en pie. Y para entrar al vapor había que hacerlo a gatas.
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- Actualizado: 2026
Un edificio bajo, de planta alargada, con una cámara cerrada y un horno pegado al fondo. Dentro se calentaban cantos rodados hasta ponerlos al rojo y se vertía agua encima. El vapor llenaba la sala. Al lado, una pila con agua fría. Calor, frío, reposo: el mismo circuito que hoy se vende como experiencia de spa, funcionando en el noroeste de la península cuando faltaban siglos para que apareciera por aquí la primera terma romana.
Se los conoce como monumentos con forno o saunas castreñas, y se han documentado cerca de tres decenas repartidos entre Galicia, Asturias y el norte de Portugal. No son una curiosidad aislada. Son una arquitectura propia, con un diseño reconocible que se repite a lo largo de cientos de kilómetros y de varios siglos, y que nadie había visto antes fuera de esta esquina de Europa.
Qué es un monumento con forno
La planta se organiza en cuatro espacios encadenados. Primero un atrio enlosado con una bancada corrida, que se interpreta como el lugar donde se dejaba la ropa y se esperaba. Después la cámara de vapor, cerrada y de techo bajo. Al fondo el horno, la fuente de calor. Y junto al conjunto, una pila destinada al agua fresca, para alternar temperaturas.
Entre la zona húmeda y la seca se levanta una estela monolítica, casi siempre decorada, que la bibliografía nombra en gallego: pedra formosa, la piedra hermosa. No es un elemento ornamental añadido. Es el eje del edificio, la pieza que divide el espacio y decide por dónde se pasa. El modelo más antiguo documentado en Asturias es de planta rectangular con cabecera absidiada, y la secuencia horno, cámara, vestíbulo se mantiene estable durante generaciones. No se improvisaba: se construía siguiendo un patrón que la comunidad conocía.
El hueco de la losa por el que se pasaba
Aquí está el detalle que cambia por completo la lectura del edificio. En la parte inferior de la pedra formosa se practica un corte, y ese corte es la entrada a la cámara. No es una puerta. Es un hueco bajo, a ras de suelo, por el que un adulto solo pasa agachado o arrastrándose.
Se puede explicar por eficiencia térmica, porque una abertura baja retiene mejor el vapor que un vano a la altura del pecho. Pero la explicación técnica no agota el asunto. Quien diseñó ese edificio decidió que para llegar al calor había que perder la vertical, atravesar una piedra tallada y entrar a cuatro patas en un espacio oscuro y saturado. Eso es un umbral, no un detalle constructivo.
Lo que escribió Estrabón
El geógrafo griego Estrabón, al describir a los pueblos del norte peninsular, cuenta que se ungían el cuerpo, tomaban baños de sudor generados con piedras candentes y se bañaban después en agua fría. Es una descripción escrita hace dos mil años, y encaja con lo que la arqueología encuentra en el suelo: el mismo contraste térmico, el mismo uso de la piedra caliente, la misma secuencia.
Conviene no forzar la coincidencia. Estrabón escribía de oídas sobre pueblos que no visitó, y la crítica moderna lo lee con cautela. Pero el texto y los edificios se sostienen mutuamente lo suficiente como para descartar que estos recintos fueran algo puntual o marginal. Era una práctica extendida, y lo bastante llamativa como para que llegara a oídos de un griego que nunca pisó Galicia.
Para qué servían: el debate sigue abierto
Esto es lo más honesto que puede decirse: no hay acuerdo. Y el recorrido de las hipótesis descartadas es casi tan revelador como el de las vivas. Durante décadas se propuso que eran hornos cerámicos, de pan o metalúrgicos, e incluso construcciones funerarias con horno crematorio. Ninguna de esas lecturas resistió el análisis de los materiales y de las estructuras.
Las interpretaciones que hoy se discuten son tres. Almagro-Gorbea y Álvarez Sanchís los vincularon a ritos de iniciación de cofradías de guerreros, dentro de una tradición protocéltica: el edificio sería el escenario de un paso de edad, no un servicio de higiene. Ángel Villa Valdés, que ha excavado los ejemplares asturianos, los interpreta como santuarios vinculados a entidades de naturaleza acuática y telúrica, situados junto a las casas de asamblea, en el centro de la vida política del poblado. Y una línea más reciente, desde la Universidad de Santiago, propone leerlos como metáfora material de un útero, con el paso por el hueco bajo como un nacimiento simbólico.
Hay un dato de distribución que alimenta la discusión. En el área asturiana estos edificios ocupan un lugar preeminente dentro del poblado, junto a los accesos, a la vista de todos. En el área lusitana se levantan fuera del recinto amurallado, a pie de ladera. Un mismo tipo de construcción colocado en dos posiciones opuestas respecto a la comunidad probablemente significaba dos cosas distintas.
Dónde se pueden ver hoy
Coaña y Pendia, en la cuenca del Navia, forman el conjunto asturiano mejor conservado. Coaña conserva además una pila granítica que pertenece a una fase posterior, cuando el uso del edificio ya había empezado a cambiar. Es el lugar donde la secuencia completa, del vapor prerromano al baño de tradición romana, resulta más legible sobre el terreno.
Chao Samartín, en Grandas de Salime, es un poblado con una secuencia excepcional, desde la Edad del Bronce hasta la época romana, y tiene museo propio junto a las ruinas. El acceso al yacimiento se hace únicamente en visita guiada que parte del museo, así que conviene consultar el calendario antes de desplazarse.
O Sarridal, en Cedeira, es el yacimiento con investigación abierta. Las excavaciones sitúan su sauna entre finales del siglo III y comienzos del II antes de nuestra era, y de aquí procede la pedra formosa más antigua documentada en Galicia. Los trabajos, dirigidos por Emilio Ramil, continúan ampliando el entorno del edificio, y el plan de puesta en valor contempla una pasarela para compatibilizar las visitas con la conservación.
A Atalaia, en Cervo, apareció por casualidad durante una reparación de la red de saneamiento, en un terreno donde años antes se había iniciado y abandonado una promoción de viviendas. Conserva la falsa bóveda íntegra, algo prácticamente inexistente en el resto del conjunto conocido, y la pedra formosa en su posición original.
Santa Mariña de Augas Santas, en Allariz, es el caso más extraordinario. La pedra formosa está decorada con una serpiente y el edificio quedó englobado bajo la cripta de una basílica medieval que nunca llegó a terminarse. La tradición popular reinterpretó el recinto como el horno donde fue quemada Santa Mariña. Un edificio de vapor de la Edad del Hierro convertido en escenario de martirio cristiano, sin dejar de ser literalmente el mismo hueco de piedra.
Lo que cambió con la llegada de Roma
La romanización no borró estos edificios de golpe. En algunos poblados el baño de vapor siguió funcionando. En otros, la estructura se adaptó a las prácticas balnearias importadas, que exigían canalizaciones, abastecimiento continuo y estanques donde sumergirse. La pila granítica de Coaña pertenece a ese momento.
Es un cambio de concepto más que de instalación. Se pasa del sudor generado por piedra caliente en un recinto cerrado, con entrada ritualizada, a la inmersión en agua conducida. Del umbral al circuito. Y ese segundo modelo es, con dos mil años de por medio, el que acabó dando forma a los balnearios que hoy conocemos, empezando por los de Ourense, a media hora de Augas Santas.
Si vas a ver uno, ve sabiendo lo que buscas, porque a simple vista es un rectángulo de piedras bajas y se pasa de largo. Localiza la losa vertical y busca el hueco en su base: ahí tienes el sentido de todo el edificio. Luego identifica el horno al fondo y la pila aparte, y reconstruye mentalmente el recorrido, desde el banco del atrio hasta el vapor. Es un ejercicio de dos minutos que convierte unas ruinas en un lugar. Y un aviso: lo que circula en el mundo del bienestar como "sauna celta" o "ritual ancestral de vapor" no tiene relación documentada con estos edificios. Lo que hay aquí es arqueología en discusión, y es mucho más interesante que cualquier versión inventada.
Wellna es una publicación de bienestar y patrimonio, no un servicio académico ni médico. Este reportaje describe yacimientos arqueológicos y las interpretaciones publicadas sobre ellos, que siguen en debate y pueden cambiar con nuevas excavaciones. Las condiciones de acceso a cada yacimiento varían y conviene confirmarlas con los organismos responsables antes de viajar. Nada de lo aquí descrito es una práctica recomendada ni reproducible.
Preguntas frecuentes
¿Son anteriores a las termas romanas?
Sí. Los ejemplares mejor datados se sitúan en plena Edad del Hierro, varios siglos antes de que la arquitectura termal romana llegara al noroeste peninsular. Son una tradición local, no una versión primitiva de las termas.
¿Tienen algo que ver con la sauna finlandesa?
No hay relación de origen ni de transmisión conocida. Coinciden en el principio físico, generar vapor vertiendo agua sobre piedra caliente, porque es la solución más sencilla con los materiales disponibles. La arquitectura, el contexto social y el uso son distintos.
¿Qué es exactamente una pedra formosa?
La estela monolítica que separa la cámara de vapor del resto del edificio, habitualmente decorada, con un hueco practicado en su parte inferior que funciona como único acceso a la zona caliente.
¿Se sabe con certeza para qué se usaban?
No. Conviven la lectura higiénica, la de baño iniciático vinculado a cofradías de guerreros y la de santuario comunitario ligado a divinidades del agua. La discusión sigue viva en la bibliografía especializada.
¿Se pueden visitar?
Varios sí, con condiciones distintas según el yacimiento: algunos son de acceso libre, otros requieren visita guiada y otros están en fase de excavación o acondicionamiento. Conviene comprobar la situación de cada uno antes de viajar.

