Reportaje · Yoga y biomecánica
La postura dejó de ser el objetivo: dentro del Yoga Marga, el método que enseña a leer el cuerpo
Margherita Angelozzi fundó Yoga-Marga en Barcelona en 2018 cansada de una contradicción. Habla de rango activo, del hueco donde aparecen las lesiones y de lo que el yoga no puede prometerle a nadie.
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- Actualizado: 2026
Durante años el yoga se ha enseñado con una consigna repetida hasta el desgaste: escucha tu cuerpo. Y a continuación se pedía que cuerpos completamente distintos entraran en la misma forma, de la misma manera, con las mismas indicaciones. De esa contradicción nació un método.
Cambiar la pregunta
Margherita Angelozzi llevaba años estudiando anatomía, fisiología y biomecánica cuando dejó de poder sostener ciertas indicaciones tradicionales como si fueran universales. Dos personas pueden hacer exactamente la misma postura y estar haciendo, por dentro, cosas muy distintas. Y dos cuerpos pueden necesitar caminos opuestos para llegar al mismo sitio.
Yoga-Marga, que fundó en Barcelona en 2018, nace de esa incomodidad. No de la intención de inventar otro estilo, sino de la necesidad de cambiar la pregunta que organiza la clase.
Dejar de preguntar «¿cómo se hace correctamente esta postura?» y empezar a preguntar «¿qué está haciendo este cuerpo aquí, qué recursos tiene, qué le falta, qué estrategia está utilizando?».
Margherita Angelozzi · fundadora de Yoga-MargaEl desplazamiento parece pequeño y lo cambia todo. Si la pregunta es cómo se hace bien una postura, la postura es el objetivo y el cuerpo es lo que hay que meter dentro de ella. Si la pregunta es qué está haciendo ese cuerpo, la postura pasa a ser una herramienta de lectura: un sitio donde se hacen visibles la estrategia, el recurso disponible y la carencia.
El hueco donde aparecen las lesiones
El argumento central del método se puede probar de pie, ahora mismo, sin saber nada de yoga. Angelozzi lo explica empezando por la gravedad, esa fuerza invisible con la que negociamos cada vez que nos sostenemos, y por las dos maneras que tenemos de responderle: dejándonos llevar o sujetándonos.
Piensa en una flexión hacia delante de pie. Puedes soltar el tronco y permitir que el peso te lleve hacia el suelo; llegarás lejos, y habrás llegado de forma sobre todo pasiva. Pero si desde ahí intentas frenar el movimiento, sostenerte a media altura o volver a subir despacio sin coger impulso, aparece otra pregunta: de todo ese recorrido, cuánto eres realmente capaz de gestionar con tus músculos.
La distancia entre ambas cosas es lo que el método llama el hueco entre rango pasivo y rango activo. Y ahí está la crítica al yoga que muchos hemos aprendido, entrenado durante años para llegar más lejos, bajar más y abrir más, sin desarrollar en paralelo la capacidad de controlar ese espacio recién conquistado.
Es precisamente dentro de esa distancia donde puede aumentar la vulnerabilidad a determinadas sobrecargas o lesiones: tengo acceso a un espacio, pero no necesariamente tengo todavía los recursos para gestionar las fuerzas que aparecen dentro de él.
Margherita AngelozziDe ahí una conclusión que suena a herejía en un ambiente donde la flexibilidad sigue siendo la medida del progreso: en Yoga-Marga no interesa alcanzar el rango máximo, sino desarrollar capacidad dentro del rango que ya se tiene. La movilidad deja de ser hasta dónde llegas y pasa a ser cuánto de ese espacio puedes habitar con fuerza, control y respuesta.
Lo que el yoga no puede prometer
Lo más interesante de hablar con ella no es lo que reivindica, sino lo que descarta. Preguntada por el dolor crónico —el motivo real por el que mucha gente se apunta a una clase—, la respuesta empieza por el límite y no por la promesa.
El yoga no puede prometer quitar el dolor. Y para mí es muy importante decirlo, porque alrededor del movimiento existe ahora mismo una enorme industria de promesas terapéuticas.
Margherita AngelozziEl razonamiento que viene después es el de alguien que ha leído sobre el asunto. El dolor persistente no depende solo de tejidos, músculos y articulaciones: intervienen el sistema nervioso, el sueño, el estrés, las experiencias previas, factores emocionales y sociales, y a menudo patologías médicas concretas. El movimiento puede devolver capacidad, fuerza, confianza y una relación menos amenazante con el propio cuerpo, y eso no es poco. Pero no convierte a un profesor de yoga en personal sanitario.
Su lista de situaciones en las que deriva es explícita: dolor persistente sin diagnóstico, dolor que empeora con claridad, síntomas neurológicos, pérdida importante de fuerza o de sensibilidad, dolor nocturno inexplicable, síntomas generales. Y una más, que es la que retrata al método entero: cuando simplemente no entiende qué está pasando. Reivindica que decir «no lo sé, esto tiene que valorarlo otra persona» debería ser una frase perfectamente aceptable dentro del oficio. Profesionalizar el yoga, viene a decir, consiste sobre todo en aprender a reconocer dónde terminan las propias herramientas.
Esa misma prudencia se le nota al hablar de sus propios cambios. Admite que al principio hubo una fascinación por encontrar explicaciones biomecánicas precisas para todo y que con los años se ha vuelto más cauta, porque una explicación puede ser elegante sobre el papel y no terminar de explicar lo que le ocurre a una persona concreta. Ha abandonado la idea de que exista un ejercicio correctivo para cada alteración —veo esto, luego hago aquello— y trabaja con hipótesis: observa una estrategia de movimiento, propone una intervención, mira qué cambia y, si no cambia nada, revisa la hipótesis. Un método idéntico ocho años después, dice, sería bastante sospechoso.
Un método sin sala
Hay una paradoja en todo esto que conviene contar. Desde el año pasado Yoga-Marga funciona íntegramente online: formaciones de profesorado, clases y programa de autopráctica, sin sala abierta al público. Un método construido sobre la observación del cuerpo se transmite hoy sin poder tocar ninguno.
Angelozzi reconoce que durante mucho tiempo pensó que enseñar movimiento a distancia era necesariamente inferior, y que tuvo que revisar esa idea. Se pierde algo evidente: colocar las manos sobre una pelvis o una caja torácica para que alguien perciba una dirección. Pero se gana autonomía perceptiva, porque el profesor ya no puede poner a nadie en una postura y no le queda otra que conseguir que la persona entienda qué busca, observe qué siente y decida. Y eso, sostiene, es exactamente lo que quería enseñar desde el principio.
Un buen proceso educativo debería hacer que el alumno dependa cada vez menos del profesor, no cada vez más.
Margherita AngelozziLa frase no es decorativa: es una posición contra las estructuras verticales y las figuras de gurú que han acompañado al yoga durante décadas. Y llega acompañada de una honestidad pequeña que dice bastante. Yoga-Marga exige certificado médico de aptitud deportiva para participar, algo que casi nadie pide en este sector y que cualquiera habría vendido como filosofía de seguridad; preguntada por ello, contesta que se lo impone el régimen fiscal italiano donde está registrada la actividad, y solo después añade que además le parece bien evaluar antes el estado de cada persona.
Queda por resolver la objeción obvia: si el cuerpo importa tanto, ¿no lo desplaza toda esta atención a la biomecánica? Ella defiende lo contrario. Ninguna postura es más yoga que otro movimiento por su apariencia; lo que hace que una práctica lo sea tiene que ver con la dirección interna —observarse, cuestionar automatismos, sostener presencia—. Atender al cuerpo no es convertirlo en el centro absoluto, sino usarlo como territorio de investigación. El cuerpo, resume, es una puerta de entrada y no el destino.
Yoga-Marga
Escuela online · Fundada en Barcelona
El método de Margherita Angelozzi, nacido en 2018 y hoy convertido en escuela íntegramente online. Formación de profesorado en dos niveles, clases regulares y un programa de autopráctica, todo construido sobre anatomía, biomecánica e investigación del movimiento. No tiene sala abierta al público: lo que se visita es la escuela, no un centro.
Dónde practicarlo
Que el método viva online no significa que haya desaparecido de las salas. Se enseña donde alguien formado en él decide llevarlo, y uno de esos sitios está a cuatrocientos kilómetros de donde nació, en un primero de la plaza de San Antonio de Huesca.
Allí, en Centro Karuna, el Yoga Marga se practica con horario, grupo fijo y alumnado que en muchos casos no llega buscando yoga sino una espalda que deje de doler. Es el lugar donde comprobar si el argumento se sostiene fuera del papel: sin cámara de por medio, con las manos disponibles y con la lentitud que permite una sala pequeña.
Centro Karuna
Yoga Marga presencial · Huesca
La sala donde el yoga se explica desde el cuerpo antes que desde la tradición. Además del Yoga Marga imparte Feldenkrais —educación somática de movimientos lentos, útil si arrastras dolor de espalda o de cuello de estar sentado—, meditación y clases infantiles en formato de juego. Encaja si llegas con una limitación física o si te interesa el porqué tanto como el cómo.
Si vienes de un yoga de rango largo, la primera clase con este enfoque puede decepcionar: llegarás menos lejos y saldrás más cansado. Ese es el punto. Pruébalo con el ejercicio que ella propone, que no necesita sala ni esterilla: flexiona el tronco hacia delante de pie, deja que el peso te lleve y fíjate hasta dónde llegas; después repite frenando el descenso y volviendo a subir despacio, sin impulso. La diferencia entre ambas alturas es tu hueco. Y si llegas con dolor que no tiene diagnóstico, empieza por el médico y no por la esterilla: es exactamente lo que te diría ella.
Dónde
Yoga-Marga no tiene centro que visitar: su actividad es online. La referencia presencial más cercana está en Huesca.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el Yoga Marga?
Es un método de yoga creado por Margherita Angelozzi en Barcelona en 2018, que construye la práctica desde la anatomía, la biomecánica y la investigación del movimiento. Su premisa es que la postura no es el objetivo sino una herramienta para leer el cuerpo, y que interesa más desarrollar capacidad dentro del rango disponible que aumentar ese rango.
¿Cuál es la diferencia entre rango activo y rango pasivo?
El rango pasivo es hasta dónde llega una articulación cuando la gravedad o una ayuda externa hacen el trabajo. El rango activo es la parte de ese recorrido que puedes controlar con tu propia musculatura. La distancia entre ambos es donde aumenta la vulnerabilidad a sobrecargas: tienes acceso a un espacio para el que todavía no tienes recursos.
¿Dónde se puede practicar Yoga Marga en España?
La escuela Yoga-Marga funciona de forma íntegramente online desde el año pasado, con formación de profesorado, clases y programa de autopráctica, y no tiene sala abierta al público. De forma presencial se imparte en Centro Karuna, en la plaza de San Antonio de Huesca.
¿Sirve el yoga para el dolor crónico?
Puede ayudar a recuperar capacidad, fuerza, confianza y una relación menos amenazante con el cuerpo, pero no puede prometer quitar el dolor. El dolor persistente implica al sistema nervioso, el sueño, el estrés y a menudo patologías concretas. Ante dolor sin diagnóstico, que empeora, con síntomas neurológicos o pérdida de fuerza, lo que corresponde es una valoración médica.

